martes, 22 de julio de 2008

Lo que esconde un nombre...

Nicolás Maquiavelo, cuyo nombre sginifica "Vencedor del Pueblo" y cuyo apellido ha servido para denominar un comportamiento que en defintivia sirve para vencer al pueblo.
Galefía Uffizi, Florencia. Tomada por mi, 2006


Hace ya algún tiempo (en un blog muy muy lejano), me puse a especular el movimiento de los temas en la blogósfera. En ese entonces me dí cuenta que existían temas que iban y venían por ciclos, otros que eran como un "ruido de fondo" constante en la mayoría de los blogs y algunos otros que "se ponían de moda". Prometo hacer un análisis en mi siguiente post, pero, por lo pronto, hoy quiero hablar de los nombres. Los nombres de las personas. Y aún no sé si este es un tema cíclico o tan sólo una moda, pero debo aceptar que la idea la tomé de otros blogs.

Dice un viejo adagio que tomar una idea de alguien es plagio, pero hacerlo de varias personas es "investigación", así que antes que otra cosa, aclaro que la idea original la leí en el blog de Irantzú (En dos días), y recién leí otro post en el de Cin (Crónicas de aparador). Irantzú ironizaba con nombres extraños que había leído en el correspondiente registro civil. Cin hablaba de cómo el nombre puede influenciar incluso nuestra vida.

En un principio los nombres definían lugares (Laguna, Lagunés - "el de la laguna", Montaño, Del Valle, Serrano, etc.), profesiones (Zapatero, Herrera, Sastre), humores (Sañudo - gente con saña, Malo, Bueno, etc.), relaciones paternofiliales (Martínez - hijo de Martín, Sánchez - hijo de Sancho, etc.) o, un poco más adelante, niveles aristocráticos (Duque, Conde, Marqués, Márquez, etc.). Nuestra denominación tenía que ver con algo de nuestro contexto. "Éramos" el lugar que habitábamos, lo que hacíamos, o las personas que nos habían dado origen. Sin embargo era necesario darnos un denominativo "personal" relacionado a nuestras características individuales. Es así que el nombre tuvo que reconocer aquella partícula de pertenencia (el apellido) y otra más de individualización (el nombre propio).

El nombre propio pronto se hizo tan dinámico y creativo como la imaginación humana. Sin embargo, con el tiempo, comenzó a "estandarizarse" precisamente en el momento en el que dejamos de comprender que todo nombre tenía un significado. Si buscamos el origen etimológico de nuestro nombre podremos descubrir cosas fascinantes. Muchos nombres refieren a denominativos de flores, aves, animales, humores, etc. Así averigüé que mi nombre en griego significa "Oso Agricultor" (con lo cual ya podrían deducir mi nombre real). Sin embargo al ir cambiando el idioma o irse perdiendo la pronunciación, el nombre deja de tener ese significado y se convierte en una partícula aceptada de la lengua, con lo cual se "oficializa". Esto tiene beneficios: se convierten en palabras que la gente entendemos rápidamente. Pero, por contraparte, también "despersonaliza" el nombre.

Dado que vamos olvidando los significados, comenzamos a relacionarnos con otras personas: muchos niños han sido y son bautizados en honor de héroes militares, políticos, pensadores, artistas, atletas... y más recientemente actores y actrices... Algunas inspiraciones son realmente sorprendentes, por ejemplo Benito Mussolini fue bautizado así en honor de Benito Juárez, presidente de México a mediados del siglo XIX, por el prestigio que obtuvo en Europa en su restauración de la República (aún cuando implicaron el fusilamento de Maximiliano de Hapsburgo, tío de Francisco Fernando I, Archiduque de Austria, cuyo asesinato en 1916 desató la primera guerra mundial).

En México hubo oleadas de niñas cuyo nombre tenía que ver con la telenovela en turno. Ahora con las olimpiadas en China leí un artículo en el que se comentaba que muchas parejas chinas están bautizando a sus hijos con ideogramas relativos a la justa atlética. Ya hay chinitos cuyo nombre sería algo así como "Olímpico", "Estadio", "Flama", etc. Y aunque en principio nos parece extraño, en el fondo repite un patrón ancestral de la humanidad, de nombrar a las personas por lo que vamos viviendo... Esta creatividad ahora se ve en los "nicks" que utilizamos las personas que transitamos por la blogósfera. (Y que, por cierto provocó que cierta bloggera cuyo nombre empieza con "Angel" y termina con "Demonio" me dijera que había escogido un nick "de lavadora", por aquello del "lavado y centrifugado).

Sin embargo, para los antiguos, los nombres escondían poder. Se dice que todos tenemos un nombre secreto. El "verdadero" y quien lo averigüa, puede tener poder sobre nosotros. Muchos alquimistas, nigromantes y demás personajes pintorescos intentaron a lo largo de la historia descifrar el "tetragramatón": YHVH, que supuestamente esconde el nombre secreto de Dios. (Se le agregan las vocales para hacerlo pronunciable: "Yahvé"). Incluso Borges dedicó varios relatos cortos (por supuesto, deliciosos) a especular sobre el tema.

De hecho, varios escritores famosos han pasado por ahí. Vargas Llosa, Paz, Marías, Ibargüengoitia... y seguro se me escapan muchos. Algunos han hecho análisis documental, otros mera especulación filosófica y algunos más, como Asimov, incluso hicieron relatos al respecto. Asimov tenía un relato corto, del cual, lamentablemente, he olvidado el nombre (precisamente, ¡diablos!), pero partía del supuesto de Cin: que el nombre influye en nuestro destino.

El relato es sobre un investigador en física de apellido eslavo (largo e impronunciable, como todos los eslavos), radicado en EEUU, que decide cambiarse el nombre a sugerencia de un empleado gubernamental. Es una cuestión menor, cambia la letra inicial de su apellido de "Z" a "S" por insistencia del burócrata. Este cambio es registrado por alguna oscura agencia de investigación que, de inmediato, lo relacionan con un investigador ruso de idéntico apellido, que trabaja sobre la energía nuclear. Finalmente estas investigaciones culminan en un plan de investigaciones nucleares que llevan a las dos superpotencias a firmar un acuerdo y evitar un posible conflicto nuclear. Al final del relato, la "vuelta de tuerca" (que en Asimov suelen ser bastante predecibles) viene cuando encontramos que el burócrata en realidad es un holograma creado por una inteligencia extraterrestre avanzadísima que ha hecho una apuesta con otro igual de que podía lograr un cambio "de grado 5" (la guerra nuclear) con uno "de grado 1" (un nombre). Asimov quizá vagamente señalaba la teoría del caos sin darse cuenta.

A Cin le relataba que hacía muchos años me tocó recibir un correo equivocado, por cuestiones de mi nick, en el cual una mujer se despedía definitivamente de su amante, tras años de relación. Le agradecía los momentos de felicidad y elaboraba todo un argumento sobre el amor, el dolor, el sacrificio y la conveniencia de su decisión, pues no estaba dispuesta a continuar siendo "la otra" en la vida de su amante. Al parecer este sujeto no accedería nunca a un divorcio, situación que ponía a la redactora a tomar una decisión "decisiva" sobre la relación de ambos. Lo que me marcó del relato fue el final, pues al despedirse la mujer señalaba lo que era una verdadera ironía vital: la esposa se llamaba Esperanza y ella, la amante que renunciaba a su amado, Victoria... Victoria jugaba con el hecho de que quien en realidad siempre había vivido de esperanzas era ella misma y que Esperanza al final, era quien se llevaba la victoria...


Abrazos Nominativos!

12 comentarios:

loris lane dijo...

Ay Centrifugator....
Este tema ME ENCANTA!!!! Me reconozco una enamorada de mi nombre, me gusta mucho y estoy convencida que ha definido un rumbo específico en mi vida....
También elegí cuidadosamente mi apódo (LORIS LANE) y estoy segura que ha seguido definiendo el rumbo de muchas cosas en mi vida.

En la escuela, nos sentaban por apellido, así que en definitiva, las personas que fueron mis amigas en los primeros años ( y que hoy siguen siendo mis INCONDICIONALES) resultaron de una feliz coincidencia.

Y así, hay una secuencia de hechos que están forzosamente relacionados con el nombre.

También es curioso, por ejemplo, que el nombre de mi papa, de mi jefe, de mi asesor de tesis, de mi doctor y de mi esposo, es el mismo!!! Claro que eso más bien se llama moda, jaja, pero por lo que he preguntado no a todo mundo le ha pasado igual, ni conoce tantas personas con el mismo nombre.

A ratos también me ha dado por estudiar un poco la numerología y ahí indican que la forma en que te presentas, es un mensaje claro que decide tu destino... Ya sea si usas tu apodo, tu nombre, nombre y apellido, iniciales, etc. Incluso te dan recomendaciones sobre la forma en que puedes registrarte en un hospital para buscar un mejor resultado o bien sobre como debes presentarte con clientes, para neutralizar energías....

Lo curioso, lo realmente irónico y lo increible del asunto, es que si bien el nombre es un indicador importante de lo que será nuestro rumbo en la vida, es la primera decisión en la que no tenemos ni voz ni voto.... Nuestro futuro en manos de alguien más....

Bueno, y aprovechando que ya acaparé toda la sección de comentarios, te cuento que mi nombre corresponde a una región en donde se inició una pelea muy, muy, muy famosa en la historia... Se peleaban un territorio pequeño que derivó en mi nombre (y que en su idioma original suena precioso). Luego mi primer apellido viene de artistas italianos, que estaban muy interesados en las pasiones humanas y la forma de transmitirlas de manera no verbal y por último tengo un apellido de un grupo de gitanos que solían aterrorizar regiones y que antes de desaparecer fueron maldecidos (según reza la leyenda), por un artista italiano...

Conclusión... tengo mucha sangre guerrera en mis venas... y aparentemente el arte es la forma de contrarestarlo.... Será?

Un abrazote Oso Agricultor!!!!

VICTHOR dijo...

hola Centrifugo.

Me gustó mucho tu artículo. Muchas veces he visto como la gente deduce tu nombre por tu apariencia y generalmente es errado. Por ejemplo mi nick es "Victhor" que es una unión entre victor, que es mi nobre, se une con el nombre un dios escandinavo "Thor", y ese se a convertido como mi nombre en la red.

un saldo y abrazo

Victhor

Abril Lech dijo...

Un final perfecto en una antología sobre el tema. Me gusto eso del "nombre secreto" que da poder sobre nosotros a quienes nos nombran. Nombrar, en forma originaria o simplemente en forma convocante, da un poder sobre el otro. Pequeño, mayor, depende el caso. Si grito tu nombre en una tienda te darás vuelta, seguramente. Ese es un poder menor pero efectivo sobre tu persona.

Nombrar es un pequeño acto de dominación, o de posesión al menos, capturo tu atención si te nombro y me apropio de algo tuyo: tu mirada, tu tiempo, tu interés.

Un tema que a mi particularmente me apasiona. Salu2

Centrífugo dijo...

Miss Lane! Lo sé, lo sé. Lo sé bien. Sé que usted gusta y disfruta con el juego de los nombres, los sobrenombres y los nicks y que las coincidencias le fascinan...

No me había percatado de la sutil ironía: el nombre está en manos de alguien más... Por supuesto podemos cambiarlo y muchos, con la edad, buscamos personalizarlo. Recuerdo una amiga que se llama "Bertha Rosa" y a todo el mundo decía que era "Mónica". La mayoría no son tan dramáticos y usted sabe bien que soy más un Agricultor que un Oso...

Victhor: ¡Qué bueno que vuelve usted por aquí! Pues sí, en efecto, muchas veces al ver a una persona suponemos un nombre. A mi me ha pasado y lo curioso es que después me cuesta mucho trabajo relacionarlos con su verdadero nombre!!! Ingeniosa la contracción que escogiste para tu nick.

Abril: ¡Bienvenida!!!! Es siempre emocionante encontrar nuevos rostros (o nicks) en este asunto. Me encantó el análisis del nombre como un medio de dominación o posesión. Tampoco había visto esa perspectiva. Nada nos interesa más que nosotros mismos y escuchar nuestro nombre nos engancha de inmediato. Sin darnos cuenta cedemos nuestra voluntad a quien nos nombra, aunque sea sólo un instante. Pero si la mirada cautiva, la dominación puede extenderse quizá indefinidamente...

Abrazos Centrífugos!

Dull dijo...

Tu texto esta muy completo y bastante ilustrativo, hacia tiempo que no reflexionaba sobre eso de los nombres, interesante lo de Juarez y Musolinni.

Ahora que estoy escribiendo una pequeña historia para publicar tengo graves problemas para escoger el nombre de algunos personajes, siempre tengo ese problema, porque? porque el nombre marca, abre caminos o los cierra, del nombre depende una buna asociación nombre/imagén.

saludos!

Centrífugo dijo...

Hola Dull! gracias por tu comentario. A mi también me sorprendió lo de Juárez y Mussolini cuando me enteré.

Y tienes toda la razón cuando hablas de crear nombres para los personajes, pues en una novela o un cuento, el nombre lo es todo...

Abrazos Centrífugos!

susana dijo...

Sin darte más pistas, te puedo decir que coincido en nombre y apellido con una persona conocida por aquí, lo que ha hecho que me confundan varias veces. Yo les he llamado a mis hijos con otros nombres, porque no me gusta repetir los de la familia, ya que me parece que les marcarían como personas. Un beso.

Centrífugo dijo...

Bienvenida de vuelta Susana!

Pues lo bueno es que no aclaras si la persona es conocida aquí en el blog, en México, en España o en dónde... Imagino las complicaciones, a veces divertidas y a veces pesadas de que te confundan.

Y estoy de acuerdo contigo. Los hijos deben tener su propio nombre y me sorprende que para algunas personas (hombres o mujeres) sea tan importante que sus vástagos se llamen igual que ellos o que sus cónyuges... Sinceramente me parece un error.

Abrazos Centrífugos!

Irantzu dijo...

Yo no ironizaba! Lo juro! Estaba sorprendida y me da mucha lata, pero no era ironía simplemente...
Interesante tu post, para mí es muy valido inspirarse en posts ajenos para escribir unos nuevo :)
Lo del nombre secreto no lo sabía, mmm, cual será el mío?
Un saludo! :)

Centrífugo dijo...

¡Hola Irantzú! Jeje, pues disculpa. Sé que en el fondo también manifestabas un claro desacuerdo con la actitud de algunos padres, pero me gustó el inicio en el cual hacías un poco de mofa sobre los extremos a los que se puede llegar.

Tu blog con frecuencia es fuente de inspiración, así que ¡Gracias!

Y del nombre secreto... Luego les cuento algo más sobre él...

Abrazos Centrífugos!

Merce dijo...

Oso agricultor?...curioso... El que yo me llame como me llamo no es más que una cuestión de tradición, así se llama mi abuela y se llamba mi tatarabuela...y así se debería llamar la hija de mi hija...de la misma manera que mi hija se llama igual que mi madre e igual que su tatarabuela...así llevamos ya ocho generaciones...alguien tendrá que romper esta tradición, yo, la verdad, no me atreví...

Saludos

Centrífugo dijo...

Pues sí, Oso Agricultor. Es curioso lo de las tradiciones en los nombres pues mi segundo nombre también lo es de mi padre.

Impresionante la tradición en tu familia, eso sí!

Abrazos Centrífugos!

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