miércoles, 16 de julio de 2008
El Sexo en la edad madura...
Es irónico escribir sobre Sexo, cuando he tenido tanto trabajo y tan intenso los últimos días, que en verdad, es al tema al que menos tiempo he podido dedicarle. Normalmente los posts los escribo de corrido en poco tiempo, pero este lleva "incubándose" tres días, debido a mis jefesitos... En fin, cuando pensaba en el título para esta entrada (que, por cierto, me inspiró el blog de Evan y Carlos), por un momento me sentí tentado a incluir adjetivos con más impacto mediático: "salvaje", "sucio", "duro", "perverso", "pecaminoso", etc., etc., etc. En el fondo, me divertía imaginar la cantidad de gente que podría llegar a este post, por equivocación. Y en la cantidad de adjetivos que la misma sociedad (y nosotros mismos) le ponemos a las cosas para entenderlas o hasta reinterpretarlas, pues las cosas no tienen carácter. Nosotros sí y quisiéramos que todo en el mundo lo tuviera.
Un cuchillo nunca es "malo", ni "bueno". Tampoco es "pecaminoso" o "salvífico". No tiene cualidades morales. Ninguna. Todos entendemos que estas clasificaciones están en la mano que lo sostiene y no en el objeto. Y así como con los objetos, ocurre con las acciones. Correr no es una actividad "buena" o "mala" por sí misma. (Imagino que algunos "sport Billys" rápidamente desearán en este momento desengañarme, pero hagan un esfuerzo y sigan leyendo). Su cualidad depende de muchos factores: de la persona que la ejerce, del contexto en el cual la ejerce y, por supuesto, del objetivo que esa persona se ha puesto para realizarla. Correr es "bueno" o "malo" dependiendo de cómo corro, de dónde y cuándo corro y, lo más importante: "para qué" corro.
Así funciona la ética, la ciencia que juzga los actos humanos (conscientes, voluntarios, con conocimiento de causa y de efecto), evalúa de cada acto su objeto, su fin y sus circunstancias. El "objeto" del acto es el resultado final. El "fin", lo que se buscaba conseguir con él y las "circunstancias" representan el contexto que le rodeaba. Y no hay acto humano más juzgado, etiquetado, estereotipado, vilipendiado, malentendido, sobreexplicado, sobresimplificado, que el acto sexual humano. Y merece ser tratado con toda la dignidad que le corresponde.
El sexo no es bueno ni malo. Es un acto humano y en cada pareja, en cada ocasión distinta, es distinto... y merece su propio análisis.
El sexo es una realidad humana profundamente compleja. Involucra la biología, la psicología, la emotividad, la jerarquía de valores, la razón y la imaginación de cada ser humano. Lo que hace una pareja puede ser absolutamente distinto para otra. Puede ser juzgado de manera opuesta: lo que unos practican, otros satanizan. Lo que unos añoran, otros detestan. Lo que algunos extrañan, unos más desdeñan...
Lo que es muy simpático es que en este nuevo milenio, conforme la humanidad vive su propia adolescencia, y los adultos del mundo civilizado cada vez se reconocen y se asumen más y más inmaduros, también el sexo cambia y se transforma con ellos. Y esto va reconfigurando a la sociedad. Un ejemplo sencillo es la lencería. Es una industria que ha florecido de manera espectacular durante la última década. Y muchos analistas relacionan este hecho con el aumento en la incidencia de infidelidad conyugal, separaciones y demás. El observador simplista podría pensar que la primera es causa de los segundos. Pero quien maneja estadística sabe que una alta correlación no significa causalidad, es decir: puede que estén muy relacionados, pero quizá existe un tercer factor que sea la causa de estos dos.
Eso es lo interesante.
En realidad se han ido adicionando factores: la píldora anticonceptiva en los 60's permitió un aproximamiento al sexo más relajado en muchas sociedades. Los hijos de quienes eran jóvenes en los 60's tienen hoy entre 40 y 50 años. Y de acuerdo con diversos censos, encuestas y demás, es un grupo poblacional cuyos hábitos sexuales son más explícitos, frecuentes y diversos, que los de las generaciones anteriores.
De acuerdo con diversas fuentes, al menos una cuarta parte de todo este grupo generacional está divorciado. Y más de la mitad de entre todos habrá tenido o tendrá una relación extramarital. (Si suponemos que todos los divorciados la hubieran tenido, implicaría que al menos una cuarta parte es infiel y permanece casada). Sin entrar en las razones que llevan a una persona al divorcio, que pueden ser tan diversas y personales como individuos, este simple hecho habla de que un grupo relativamente grande de gente en ese rango de edad "vuelve a la cacería".
Existen infinidad de adagios y bromas en México (y estoy seguro que en todos los países) en la que se habla de cómo al llegar los hombres a la edad madura, lo "conveniente" es que se pongan gordos, calvos y un poco feos ("ni tan feo que espante ni tan guapo que encante"), pues si de pronto comienzan a bajar el abdomen, cambian su guardarropa, comienzan a perfumarse y demás... es porque han comenzado una aventura extramarital. Esto no es privativo de los hombres. Puedo atestiguar que también en las mujeres se opera una verdadera transformación cuando de pronto se ven inmersas en una relación alterna. Se dice incluso "en broma y en serio" que "una mujer está más guapa cuando está más enamorada... así que si la tuya comienza a verse más hermosa, preocúpate..." De alguna manera el volver a despertar la líbido de alguien más, el saberme "deseado(a)", me genera de nuevo el hambre de conquista, de seducción, de mejora personal (aunque sólo sea física) y, con ello, me sube la autoestima. Esto, independientemente del sentimiento de bienestar que produce el hecho de amar a alguien.
En el fondo, quizá el mensaje global es que hoy el sexo se vive cada vez más abiertamente y más tiempo. Por supuesto que muchas parejas siguen teniendo relaciones sexuales durante toda su vida de casados... y por supuesto también que la frecuencia en general baja de manera importante pasado el octavo año de matrimonio. Algunos ponen de excusa el trabajo. Otros, los hijos. Algunos más, la salud. En el fondo todos dicen lo mismo: "al poner en la balanza el sexo y el no-sexo, gana el segundo por la razón X". Todo se vuelve más importante pues el sexo ya no es la fuerza vital que los anima. Muchos hombres y mujeres, razonables y juiciosos responden que sí, que la vida es más importante que el sexo, que hay una infinidad de actividades más interesantes y más plenas y que no todo es sexo... hasta que se enamoran de nuevo.
Casos, hay infinidad. Políticos, Reyes, Empresarios que han perdido su prestigio, su poder y todo, por la relación "mal vista" que tienen con una persona. Infinidad de divorcios y separaciones siguen siendo resultado de la pasión que se ha gestado hacia otra persona. Lo más interesante es la cantidad (económicamente hablando) que estas "pasiones tardías" representan. Nos anima a reservar hoteles, realizar viajes, comprar regalos, la ya mencionada lencería, y muchas otras cosas más. Hombres y mujeres de conocida rectitud y prudencia, de pronto aparecen como niños inmaduros sucumbiendo a la pasión...
Por eso me río cuando alguien dice que hay cosas mejores que el sexo. Porque es verdad y tiene la razón, pero el sexo tiene en sí una fuerza avasallante y si es "fácil" renunciar a ella, es porque en el fondo, quien lo asegura, no ha padecido aún esa pasión. Es sencillo renunciar a aquello que no nos pesa. Y muchas veces en nuestra sociedad el sexo se ha visto como una carga, una obligación, un pecado, un acto perverso, una herramienta para conseguir más fines y no como lo que es: un acto eminentemente humano, complejo y a la vez, hermoso.
Aunque tengas más de 40 cuando lo estés haciendo...
Abrazos!
G.
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7 comentarios:
Excelente Centri!!
Me encanta este complemento a mi post ;)
Siempre se ha dicho que lo prohibido, genera deseo...
En estos tiempos en que ya casi no existe el tabú y todo es tan explícito, en que hay una incitación permanente desde los medios de comunicación a una sexualidad compulsiva.
La rutina en los matrimonios, la monogamia (aunque me cueste admitirlo, porque soy una defensora acérrima de ella), pueden llegar a convertir las relaciones en aburridas.
...y también toda esta moda de las relaciones virtuales, que han venido a reemplazar la piel y el contacto físico, que provocan una mayor libertad de expresión y con lo que resulta más fácil no involucrarse emocionalmente con el otro.
...paradójicamente, todo esto, creo que ha generado la disminución del deseo...
Un besito, Centri!
Tu post es tan completo que da para muchos comentarios diversos, yo solo tomé una partecita.
¡Hola Evan! Como de costumbre, gracias por ser la primera en comentar. Pues nada, que tu post me hizo pensar mucho y al final creo que me metí a muchos temas, pero gracias por tu comentario.
La rutina, el estrés laboral y cotidiano, la demanda de tiempo que el mundo ejerce sobre cada uno de ambos en la pareja, todo son fuerzas que tiran y tiran y quizá en el fondo el deseo se idealiza. Uno pensaría que sería mejor y mejor y en el fondo te va cansando...
Pero no podemos dejarnos! Hay que ser capaces de buscar lo mejor que hemos tenido y reinventarlo, redescubrirlo o encontrarlo!
Abrazos Centrífugos!
Llego aquí desde el blog de Ana, "No lo sé, o sí". Me ha encantado tu post, y me ha hecho muchísima gracia esta frase ..."Por supuesto que muchas parejas siguen teniendo relaciones sexuales durante toda su vida de casados"...
El sexo puede ser mucho mejor a los 40...
Saludos
Bienvenida Merce!
jeje, pues sí, creo que en el fondo la ironía esconde algo de humor involuntario. Gracias por tu comentario!
Centrífugo!
El sexo no desaparece con la edad, pero ya no se le da tanta importancia. Es como cuando se dice que la gente que tiene dinero, no habla nunca de dinero, y es verdad. Los que tenemos el tema asegurado, nos limitamos a disfrutarlo. Un beso.
Susana: definitivamente concuerdo contigo. Dice el adagio: "dime que presumes y te diré de qué careces". Cuando uno se obsesiona por un tema, quizá lo que está revelando es demasiada especulación y poca práctica.
Lo que es innegable es que el sexo une, gratifica y a veces, transforma.
Abrazos Centrífugos!
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