sábado, 12 de julio de 2008
"Cuando llegue ese puente...
... lo cruzaremos!"
La frase proviene de alguna película de guerra que jamás he visto. La repetía con cierta frecuencia un compañero de la primera maestría que tomé, y hacía referencia a que a veces nos preocupamos demasiado por situaciones que aún están muy lejos de nosotros. Que lo importante era tener la capacidad de centrarte en el "hoy", en lo que tienes ahora. Y disfrutarlo...
Es importante que alguien te lo recuerde de vez en cuando. En lo particular no me considero una persona que siempre esté preocupándome por el futuro (aunque últimamente sí ronda mucho mi cabeza). Todo lo contrario, creo que mi gran problema es que me cuesta trabajo anticiparme. Muchas veces, al analizar mi propia vida, me da la impresión de que soy el resultado de una serie arbitraria y ajena de coincidencias, que fueron todas ocurriéndome, mientras yo sencillamente respiraba y las iba a asumiendo.
Sé que exagero, pero en ciertos momentos es literalmente lo que he sentido. Y sé que exagero pues todos nosotros somos el resultado de una gran suma de coincidencias, a la vez que de decisiones propias. Tú decides qué estudiar y dónde (bueno, en la mayoría de los casos), pero no escoges el humor de tus maestros, ni la composición de tu grupo en el salón de clase. Escoges tu ropa y tus combinaciones, pero no escoges quién irá a la fiesta y mucho menos a quién le hará sentido tu vestimenta y a quien no. Vamos tomando decisiones todo el tiempo, pero esas decisiones nos colocan en situación de vivir más casualidades y así, sumándose unas y otras, se va perfilando nuestra vida. Mi vida los últimos días ha sido un torbellino de actividad profesional y social, lo cual me ha permitido sumergirme de lleno en el "hoy" pero que también me ha comenzado a sensibilizar sobre los "mañanas" posibles...
Esto me hace recordar un libro de biología de la enseñanza secundaria en la que distinguía a los animales de las plantas por la capacidad de locomoción. Más o menos decía que los animales se desplazaban hacia los nutrientes y satisfactores que necesitaban, o huían del peligro, mientras que las plantas aprovechaban lo que el entorno les traía directamente: luz solar, agua de lluvia, los minerales preexistentes en los suelos... pero que si el entorno les llevaba alguna amenaza como el fuego o alguna plaga, morían "tan estoicamente como habían vivido"...
Muchos de nosotros vivimos "estoicamente". Asumimos que "la vida es así", que "eso nos tocó vivir" y que debemos aceptarlo todo con paciencia, para algunos sobrenatural y para otros más terrena. Pero existen quienes, por el contrario, son inconformes todo el tiempo. Nunca están a gusto mucho tiempo en la misma situación. Necesitan el cambio. Lo buscan.
Mi amigo de la maestría, a quien bautizaré simplemente como "A" caía en la segunda categoría. De extracción muy humilde, vivía con sus padres en una casita de adobe detrás del aeropuerto, una de las zonas más pobres en esa época. No sólo era pobre, además era muy feo. Bueno, aún lo es... No estoy siendo desconsiderado, ni maleducado. Tenía toda la apariencia de un boxeador: muy corpulento, muy moreno, prognata, de facciones muy toscas. Y para colmo de males, tenía un defecto en el habla, una cierta tartamudez que se combinaba con la imposibilidad de pronunciar algunas sílabas... Y justo a la mitad de la maestría, que duró dos años, su padre sufrió un infarto y murió. Supongo que con ese contexto, la mayoría podríamos sentirnos "desgraciados", pero no "A". Él no era así.
Su papá era sumamente deportista, corría maratones. "A" estaba acostumbrado a entregarse a retos físicos sin ninguna restricción. Alguna vez llegó cuatro horas tarde a una reunión de estudio, pues había ido a correr y le había dado la vuelta a una pequeña montaña que está en la parte sur de la Ciudad de México. Le dió la vuelta corriendo. A una montaña... Así era él.
Su apariencia física, lejos de avergonzarle, le divertía mucho. Él mismo adoptó con algarabía el sobrenombre de "El Tyson" pues su fisonomía literalmente recordaba a dicho pugilista norteamericano (aunque debemos mencionar de que esto fue antes de que Tyson - el verdadero - cayera en desgracia). Y su defecto en el habla pasaba desapercibido tras unos breves instantes de conversación. Tenía siempre una gran sonrisa y un optimismo a toda prueba. Nada lo atemorizaba ni lo inquietaba demasiado.
Al acercarse la mitad de la maestría consiguió ser aceptado para un trimestre de intercambio en Holanda y justo un par de semanas antes de irse, murió su padre. Si bien lo impactó mucho, se apuró, apoyó a su madre con todos los trámites y siguió en su misión de irse allá. Toda la generación lo apoyamos. Estuvo su trimestre, convivió con gente de todo el mundo y regresó cambiado. Para bien.
Y además era suficientemente inteligente. No era el más brillante y, definitivamente, no tenía un gramo de cultura. Vaya, ni un miligramo. Pero eso jamás lo detenía. Por el contrario, siempre estaba hambriento de nuevos conocimientos. En el tiempo que estuvo en Europa desarrolló la típica idea que tiene todo joven mexicano cuando viaja al Viejo Continente: que puede establecer un negocio de exportación de artesanía mexicana. Pues bien, recién llegado lo invitaron del Consulado a la fiesta septembrina por la Independencia de México. A la festividad asistieron una buena parte de los mexicanos que en ese entonces estaban en el País Bajo. En su mesa había algunos estudiantes, funcionarios, uno que otro artista, entre ellos, un escritor. Para "A" fue muy sencillo proponerle a éste último, que radicaba en Inglaterra, pero estaba de paso, la idea de ser su distribuidor exclusivo en Europa. El escritor, que, por cierto, se llamaba Carlos Fuentes, declinó la oferta con sobriedad y le deseó éxito futuro en sus proyectos... "A" no tenía la menor idea de quién era Carlos Fuentes, vaya, ni por que en la secundaria había tenido que leer la mininovela "Aura" como todos los mexicanos.
Me doy cuenta que hablo de él "en pasado". Él no ha muerto, sigue vivito y "coleando", pero hablo del "A" que recuerdo hace ya más de 12 años... Nunca he sido de visitar con frecuencia a mis amigos. Creo que ellos me estiman de verdad pues aguantan ¿estoicamente? la sutil defensa que hago de mi soledad. Puedo comentar que a "A" tenía un buen tiempo de no verlo.
Pues bien, al terminar la maestría, "A" comenzó a trabajar en una gran empresa de tecnología y en alguna de las reuniones que organizamos posteriormente se presentó con una compañera de trabajo, a quien llamaremos "E". "E" era una becaria, de origen eslavo, de inmensos ojos azules, piel "alabastrina" (diría Béquer), cabello rubio cenizo y figura de... bueno, pueden imaginarla. Tras recuperar el aliento y conseguir que nuestras atormentadas neuronas volvieran a procesar información, "A" nos comentó que "E" y él estaban saliendo juntos. No sólo eso, "E" se lo llevó un día al Ballet y "A" se quedó profundamente dormido... Y aún así "E" parecía sentirse completamente a gusto con "A".
Se casaron. En México y en Eslovaquia. Tuvieron tres hijos. Y algunos entre nosotros comenzamos a sospechar que la vida no es tan mala, que sí existen las hadas y los "vivieron felices".
Alguno de sus hijos nació con una discapacidad y aún así el optimismo y la voluntad de ambos era impresionante. No la pasaron fácil al principio, pero vinieron tiempos mejores. "A" ganaba una cantidad sustancial de dinero, lo suficiente para comprarle casa a su familia, a su madre, y pagar los dos viajes al año a Europa.
Y ahora, "A" nos avisó que decidieron irse a vivir allá a Eslovaquia. Que la situación en México se ha vuelto muy compleja, los gastos de salud y educación de los niños son altos, etc., etc., etc.
El jueves organizamos una cena con los compañeros del equipo. Lo ví más apagado, pero más maduro. Ahora es un hombre que fue capaz de renunciar a un buen trabajo, para darle a su familia algo mejor, aunque para él es un reto absolutamente enorme... "E", su esposa, habla fluidamente cuatro idiomas y con algunas dificultades otros dos, mientras que "A" se defiende en inglés y en español. Ya comenzó a aprender alemán.
Por un momento pensamos (y dijimos) todas las cosas que vienen a la mente en esas situaciones. "¿ya lo pensaron bien?", "¿no puedes buscar una transferencia?", "¿tienen ahorros?", "¿y si...?" Pero, por supuesto, A y E ya habían pasado por esa etapa y lo habían discutido y resuelto. De pronto A salió con su frase: "Amigos míos, ¿ya lo han olvidado? Cuando llegue ese puente, lo cruzaremos."
Cenamos estupendo, bebimos un buen vino y recordamos algunos viejos tiempos. Hablamos de los hijos y de las parejas (o expareja, en mi caso, que era el único divorciado). Sobre los amigos ausentes y nos fuimos informando de los tramos de vidas que cada uno conocía. Y hablamos también de futuro, pues aún vemos la vida allá, en ese difuso estadio que existe entre el hoy y el mañana. Pero de nuevo entendimos que la vida da y quita. Te puede dar defectos físicos, pero también te puede dar una voluntad de hierro. Te puede dar una historia de pobreza, pero te puede dar años de abundancia. Te puede dar una esposa bellísima y también hijos con ciertas discapacidades. Y lo importante no es quedarte simplemente sentado y conformarte con el "hoy" ni tampoco es estar de pie todo el tiempo mirando un "mañana" que no sabes cómo ni cuándo llegará. Lo importante, sencillamente es "seguir avanzando", con el viento en la cara, la sonrisa en el rostro y la convicción de que habrá puentes, que llegarán, que serán evaluados en su momento y, cuando sea ese momento... los cruzaremos sin duda...
Abrazos!
G.
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5 comentarios:
Lo que la vida te quita por un lado, te lo da por otro y siempre te da la capaidad de superar los inconvenientes...
Me conmovió la historia de A!
Te dejo un beso.
Sabes... SM usa mucho esa frase! y me ha llegado un montón tu post, pensando en las ocasiones en que la ha utilizado, en su convicción del resultado y en su natural optimismo.
Es una historia maravillosa que ya conocía, pero creo que contada por ti, vuelve a hacerme eco en la cabeza.
Sabes que es lo chistoso? que quizas para ti, A y E han dejado una hermosa historia de apredizajes, pero para un montón de gente que ni te imaginas, tú eres esa inspiración.
... y llegará ese puente..
Un abrazote.
Desde luego, tienes un don para contar historias. Yo tengo una amiga así, enferma crónica, huérfana, hermana de un retrasado, esposa de un ciego, sin embargo, es ella la que nos da fuerzas porque nunca se rinde. Otro gran ejemplo. Un beso.
Evan: Si bien la vida da y quita, también te permite a ti tomar o dejar pasar. Eso fue lo que me enseñó A...
Miss Lane: Ahora que me lo dices, me lo puedo imaginar perfecto. Gracias por comentar lo de los aprendizajes, no lo había visto así, pero a la distancia, creo que todo ha valido la pena...
Susana: ¡Gracias por el comentario! Me gusta contarlas, pero también sé que debería aprender a ser más breve...
Abrazos Centrífugos!
me gusto mucho tu historia.
Como me gustaria pasear por londres con un abrigo largo en invierno
saludos
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