jueves, 25 de marzo de 2010
Nostalgia por el futuro...
Hace poco, en el FB (ubicuo lugar cibernético que permite hacernos creer que tenemos una vida social activa... y al cual soy visitante asiduo...), una buena amiga, muy culta, señalaba cómo, de golpe, al pensar en un famoso libro renacentista y recordarse el nunca haberlo leído... comprendió que ya nunca lo leería. Y pensó en la infinidad de libros que de igual forma jamás recorrería con sus ojos, pues la vida tiene sus límites. Su estatus nos inundaba de nostalgia a quienes la seguimos.
Supongo que para algunos, esto no pasará de ser un pensamiento ridículo o absurdo. Cuando pensamos en "la vida" hablamos de años por venir (siempre y cuando no tenga uno a bien cruzarse en un tiroteo en este mexiquito nuestro, recientemente tan violento). Por eso, pensar en lo que "no vamos a leer" suena quizá insulso. Obsesivo, probablemente. Si quieres leer algo, pues lo consigues y lo lees ¿o no?
Otro buen amigo, escritor, ganador de becas y premios a su obra poética, culto, extravagante y, un lector obsesivo (éste sí), llevó aún más lejos la afirmación de mi amiga. En su casa tiene una habitación acondicionada como estudio y biblioteca. Todas las paredes están completamente tapizadas de libros. Cuando uno le pregunta sobre el aparente caos en el que están dispuestos (no se distingue un orden por editoriales, ni por autores), mi amigo explica que la pared frontal tiene los libros que ha leído y que gusta conservar. "Me recuerdan mi propia vida", dice. La izquierda contiene los libros de consulta, a los cuales vuelve ocasionalmente, para preparar sus ensayos, sus nuevos escritos o sus clases. La pared trasera tiene una sección de un metro de ancho para los libros que ya leyó pero que se ha propuesto volver a leer, al menos una segunda ocasión (afirma que ciertos libros fueron hechos para leerse cada 10 años, por ejemplo), y al lado continúa la sección de los libros que aún no ha leído y que se ha programado leer en los siguientes años.
La última pared, la derecha, contiene los libros que no ha leído y que ya no leerá. Ante mi perplejidad, me explicó: "Leo aproximadamente un libro por semana. Alrededor de 50 libros al año. Tengo 48 años ahora, y calculo que me quedan más o menos 20 años para leer a este ritmo, así que sólo alcanzaré a leer 1,000 libros más. Esos son los que están detrás de mi escritorio. Ya están catalogados y ordenados. Los de la pared derecha son libros demasiado preciosos para ser pasados por alto. Sé que no lograré leerlos, pero los tengo a la vista, para recordarme que existen, que quizá, con un poco de suerte, o si un día me entra la ansiedad, atacaré alguno al azar y lo cambiaré de anaquel, pero, por el momento, también me recuerdan que he de morirme y no alcanzaré a leer ni a conocer una pequeña fracción de todo lo que se ha escrito y se escribirá... Somos seres finitos y ver lo que no podré alcanzar es una manera de recordármelo para centrarme en lo que sí puedo hacer ahora..."
Otra amiga anotaba también en su "caralibro" (facebook, of course), que en días pasados había soñado con hacer ángeles en la nieve. Que lo vió en una película cuando era niña y que durante años lo consideró un sueño a lograr, hasta que sencillamente un día dejó de soñarlo. El tiempo pasó, su vida fue dando giros y vueltas, sus hijos crecieron, las canas le poblaron las sienes y de pronto volvió a tener ese sueño de la juventud. Y al despertar tuvo la profunda conciencia de que ya nunca lo haría. Ya nunca viajaría a la nieve, ni haría ángeles sobre ella. Había una cierta tristeza en la aceptación de jamás cumplir ese sueño infantil, aunque también me comentó que experimentó esa tranquilidad cuando algo ya no es un sueño acariciado. Me confesó sentirse más contenta por haber recuperado aquel sueño, que por el hecho de haberlo o no puesto en práctica.
Supongo que eso marca en verdad el inicio de la edad adulta. Cuando aceptas que hay cosas que ya nunca harás y puedes reconciliarte con esa idea. Al menos en mi caso, cuando más joven, de verdad pensaba que tarde o temprano lograría hacer todo. Aún sospecho que viajaré mucho más, leeré muchísimo (blogs, e-books y libros de papel), veré muchas películas y estoy seguro que amaré mucho. Sin embargo también acepto que hay cosas que ya jamás lograré. Y tampoco me preocupan tanto ahora. (Aunque tampoco cederé a la tentación de hacer cálculos mentales de cuántos viajes me quedan por hacer, cuántos corazones transitarán a través del mío o los libros pendientes).
Siempre soñé con el momento en que la humanidad viajaría al planeta Marte. Me parecía interminable la espera hacia los viajes estelares y hoy sé que moriré sin ver uno. Mi hija, probablemente también. Pero llegarán. La humanidad seguirá su camino y seguirá leyendo, escribiendo, discutiendo, construyendo, destruyendo, viajando, permaneciendo. Seguiremos peleando y reconciliándonos. Seguiremos llorando de coraje e impotencia y también besando apasionadamente. Seguiremos dejando nuestra humedad en sábanas, en mesas de cocina, en pisos, en la playa, en elevadores, en la oscuridad de nuestros autos. La humanidad seguirá viviendo aún a pesar de que nosotros no estemos para ver las maravillas y las vilezas, aún cuando ya no estemos para besar a nadie, ni para escuchar sus dulces gemidos al hacer el amor.
La humanidad seguirá y se escribirán obras maestras, se inventarán aparatos cuyo funcionamiento en verdad rivalizará con la hechicería y viajaremos al infinito. Y me invade una enorme nostalgia por ese futuro que llegará cuando yo ya no esté por aquí. Sé que conquistaremos más y más enfermedades, alargaremos la vida, y, a pesar aún del posible pesimismo que inspiran la pobreza, la desigualdad social, el narcotráfico y la guerrilla... iremos superando todo eso. No me cabe la menor duda.
Supongo que eso es lo que llaman "esperanza". Y la esperanza, en algunos, es una forma de nostalgia también.
Y la única cura que conozco para la nostalgia, es el abrir los ojos y devolvernos al "aquí" y al "ahora". Lo que no hagas en tu tiempo, se perderá para siempre. Y nadie tendrá la culpa de todo lo que NO hagas, leas, aprendas o ames. Nadie, excepto tú.
G.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

22 comentarios:
Hola G, Bienvenido de regreso :) parece que este tiempo de ausencia nos trajo reflexiones no?.
Será que yo no me resigno a decir nunca, o No, más bien digo, "lo haré cuando lo haga" pero no me resigno a decir, este libro nunca lo leeré. Sé que hay cosas que no se harán simplemente porque no es su destino. Pero éste siempre se puede cambiar. Y mientras yo tenga vida, así como tu, haré lo que pueda hacer, sólo por el mero placer de hacerlo. Y eso! a vivir el aquí y el ahora :) Un abrazo!
Uh se antoja tener más libreros, aunque sea para acumular los libros "tentación" a los cuales, cabe la esperanza de que sin saber cuando, en un ataque de locura se les leerá apasionadamente.
Mhh aunque la realidad y mi aquí y ahora, ha hecho reducciones drásticas en mi colección de libros, no quiero imaginar siquiera que pude haberles leído otra vez.
Ahora que la nostalgia por el futuro, se muestra muy ociosa, es bueno mantener las posibilidades a la vista, pero no dejar pasar por alto lo que nuestro presente nos regala, que tampoco lo esperábamos tal cual.
Saludos
Hola Georgells. Qué bien que regresaste. Es interesante ordenar la vida en calendarios de libros, de conociento...A mí también me gusta clasificarla según las personas que voy conociendo. Me maravilla la variedad humana en todos sus aspectos. Tu relato es inspirador. Tiene gancho.
Un beso
hola.
Georgells, la reflexiòn es buena, pero no me detengo a medir lo que me queda de vida, con las actividades que pienso realizar.
Primero, porque cambio de actividades bastante seguido. Y segundo, potque pienso vivir hasta los 150 años.
No puedo ser tan ordenado. Aprovecho lo que tengo adelante.
Y Dios, dirà.
Un abrazo.
Es bueno tener tus letras de nuevo, mi estimado.
Interesante manera de ser metódico la de tu amigo.
Considero triste pensar en todo lo que me voy a perder por causas fatales. Prefiero ver lo que me causa gran admiracion en la tecnologia, en la naturaleza y en los buenos seres humanos. Ademas, esta tecnologia ha alcanzado lo que hace apenas algunos años era inimaginable. Prefiero averiguarme descubriendo lo que cada dia trae.
Gusto en saludarte, abrazo de cisne.
G. A veces creo que pasamos más tiempo pensando en lo que nos gustaría hacer, lo que deseamos y lo que necesitamos....que en llevarlo a la práctica.
Y después de leer esto cobra mucho más sentido "vive 100 como de 20" (deseando vida hasta los 120, pero siendo "joven").
Ojalá te queden muchos viajes, pocos amores pero intensos, pero sobretodo y lo más importante mucha vida para hacer feliz a tu hija :)
que rico leerte de nuevo... y es agradable encontrar en alguien más esa esperanza que parece tan eterna y efímera a la vez.
¡Demasiados presentes y muchos futuros más!
Que post tan interesante G.
No quiero perder mi tiempo pensando en lo que no llegaré a hacer, es preferible poner las energías en lo que estamos haciendo hoy y vivirlo a pleno (esa también puede ser una cura para la nostalgia).
Me impresionó lo ordenado de tu amigo de FB.
Un besito.
Hola a todos! Si bien sigue el período obsesivo de trabajo, ya me andaba por compartirles algo más por aquí...
María: Jeje! yo siempre ando reflexivo ;-) Y lo que me gustó de esto es esa necesidad de recordarme el vivir el aquí y el ahora! como vos...
Zereth: ¡Síi! verdad? yo también quisiera (y de hecho, lo hago) ir extendiendo ese "anaquel" de los libros prohibidos, pues se vuelve un juego con uno mismo...
Eau: Gracias! (por lo del gancho), ahora sigue regresar a la tierra...
Gaucho: ¿Cómo no lo pensé antes? Debo recomendarle a mi amigo vivir hasta los 150 también, jejeje. Y qué maravilla que tus actividades siempre cambien. Es señal de tu propio movimiento...
Mónica: Gracias amiga! pues sí que la nostalgia llega, pero también pasa y es sólo un instante para meditar en nuestros posibles caminos. Yo también disfruto mucho el ir descubriendo cada día lo que me trae...
Estopes: Caray! gracias por el pensamiento. Por supuesto que lo pondré en práctica. Atesorar a mi hija es, además, algo que disfruto.
Mis!: Gracias por las flores! Por aquí seguiremos filosofando... ¿Tú también compartes esa nostalgia por lo que no será? Algún día deberíamos echarnos un café...
Flor: Jeje! justo eso digo al final, que lo importante es lo que hagamos, y no tanto lo que "nunca haremos". Y sí, mi amigo es obsesivo... pero simpático.
Un abrazo!
G.
Esto està maravilloso!
... Hola george!
si hasta desde el título parece oximoròn.
la nostalgia del futuro recae en nuestras cabilaciones y en nuestra apuesta por futuros que pueden sonar muy de ciencia ficción pero no estamos tan lejos. No se si quiero vivir demasiado para verlo pero sin duda todo ello si se es testigo tendra tanto encanto.
recordè que alguna vez dije algo asi como que todo seguirà "evolucionando" y cambiando desde que inventaron el ferrocarril, los motreslos autos .. los aviones
las naves del espacio...
y a veces estos còdigos htlm se quedaran en el espacio del limbo virtual
ja
un dia me extinguirè espero dejar al menos testimonio y mi pasword a alguien
:)
Ahh Master Georgui, que bueno leerle de nuevo.
Espero decir lo mismo, pero se ha cargado la chamba bastante y ya ni tiempo he tenido de actualizar mi blog. Pero pronto lo hare...
Me encanta fantasear sobre el futuro, con la misma nostalgia. A veces me imagino si en este momento algun autor desconocido, esta -oculto en algun sotano, o bodega- escribiendo uno de los libros que cambiaran el curso del pensamiento, y que por supuesto jamás leere.
No lo leere, por que si sale en este momento, no sabre donde encontrarlo o posiblemente lo desestime por leer otra cosa (igual de recomendación previa y con atraso) y para cuando sea descubierto y dado a conocer ya sea demasiado tarde. Por que las ideas ahí transmitidas, aunque poderosas, poco podrían alterar la existencia de quiénes iriamos de salida.
Luego entonces si siento nostalgia por todo eso. Pero, también encuentro consuelo en el hecho de poder imaginar algo asi, desde el aquí y ahora.
Muchas veces la concepción que tengo del futuro, se me antoja demasiado surrealista. Igual, nos resultaría algo un poco incomprensible, como el ahora le puede resultar a alguién del pasado.
Pero en fin, es un deleite visulmbrar lo que podría venir.
Asi que Master Georgui, empiece a escribir ese libro, para leerlo antes de que pase nuestro tiempo.
Jejeje
un abrazo!
Hoy si me enamore de tus letras, nostalgia por el futuro, no lo había pensado, porque a mi me pasa lo contrario. No que tenga nostalgia del pasado, sino que todo el tiempo estoy pensando en todo lo que me ha tocado vivir, en lo increíble que es que yo haya tenido la fortuna de vivir una época de tanto avance tecnológico. Pienso por ejemplo en lo raro que habría sido por ejemplo vivir en la edad media en medio de su mugre y sus malos olores y me doy cuenta de lo que tengo y lo valoro muchísimo. Y cuando pienso en mi hija y lo que le tocara vivir a veces me da tristeza imaginar que serán cosas muy duras, pero me consuela saber que la humanidad no esta condenada a borrarse de tajo de la faz de la tierra, yo también tengo mis esperanzas.
Te abrazo en la lejanía y agradezco tu paseo por la nostalgia, que adelante o hacia atrás siempre se esfuma, como bien dices poniendo los dos piezotes bien firmes en la tierra y dando armas a nuestros chavos para que no sean personas sin moral ni principios.
Freddy, la hoja de un hermoso árbol, había logrado crecer...
Su parte central era amplia y resistente, y sus cinco extensiones
eran igualmente firmes y terminadas
en agudas puntas...
Se había asomado a la vida por primera vez en la primavera,
aunque, en aquel momento, tan sólo era un pequeño brote
de una rama bastante grande, ubicada cerca de la cima
de árbol de significativa
estatura...
Freddy se encontraba rodeado por cientos de hojas iguales a él,
o, al menos, así lo parecía a primera vista... Pero pronto comprobó
que ninguna hoja era igual a otra, aún cuando todas pertenecieran
al mismo árbol. Así, Alfred era la hoja que estaba a su lado,
Ben era la hoja situada a su derecha y Clara era la hermosa hoja
que Freddy podía ver encima
de sí misma...
Todas habían crecido juntas. Y todas habían aprendido a bailar
alegremente con las dulces brisas de la primavera, a calentarse
bajo el sol abrumador del verano y a lavarse y quitarse el polvo
con el agua de las lluvias refrescantes que, de vez en cuando,
dejaban caer algunas tormentas
estivales...
En cualquier caso, el mejor amigo de Freddy era Daniel. Era
la hoja más grande de toda la rama y daba la impresión
de haber estado allí antes que todos los demás. Por eso,
a Freddy le parecía que Daniel era la hoja más sabia
de todas las que
conocía…
Precisamente, fue Daniel el que les contó que todas ellas
eran parte de un árbol, y les explicó que crecían
en un parque público…
También fue Daniel el que les dijo
que el árbol tenía raíces fuertes que mantenía ocultas
en la tierra, allá abajo, muy lejos de donde ellas
se encontraban...
Y les habló de los lindos
pájarillos que, cada mañana, iban a posarse
en su rama y piaban, con trinos angelicales,
hermosas melodías matinales.
Les habló del sol, de la luna, de las estrellas y
de las cuatro estaciones por las
que atraviesa el mundo
cada año…
A Freddy le encantaba ser una hoja de árbol.
Le gustaba su rama, le gustaban las leves hojas
que eran sus amigos, le gustaba el lugar que ocupaba
y que le hacía sentir estar cerca del cielo, el viento que
lo mecía dulcemente de aquí para allá, los brillante rayos
del sol que le daban calor, las nubes que a veces
los cubrían, con grandes sombras blancas
que parecían algodones
de azúcar…
Además, el verano había sido especialmente agradable.
Los grandes días de calor eran placenteros,
y las noches cálidas, Freddy las vivió
apacibles y ensoñadoras.
De hecho, ese verano hubo mucha gente que acudió al parque.
Y, con frecuencia se acercaban a sentarse bajo el árbol de Freddy.
Daniel les explicó que el “dar sombra” frente al calor era parte
de la finalidad del árbol al
que pertenecían.
“¿Qué es una finalidad?”,
había preguntado Freddy.
“Una razón para existir”,
había respondido Daniel.
“Hacer las cosas más agradables para los otros
es una razón para existir. Dar sombra a los ancianos
que vienen para escapar del calor de sus casas; ofrecer
un lugar fresco para que los niños vengan a jugar;
abanicar con nuestras hojas a los que vienen a
hacer picnic y comen sobre manteles
a cuadros. Todas éstas son
razones para existir”.
A Freddy le gustaba en particular la gente mayor.
Se sentaban tranquilos sobre el pasto fresco
y casi nunca se movían, y pasaban
la tarde conversando en susurros
e intercambiando sus recuerdos
sobre los tiempos
pasados…
Los chicos también eran entretenidos,
aunque a veces hacían agujeros en el tronco del árbol
o tallaban sus nombres en él, y Freddy sabía
que eso debía dolerle a su dueño…
Aún así, resultaba divertido verles
moverse tan rápido y reírse
tanto…
Pero el verano de Freddy
pasó pronto… ¡Se esfumó en una noche!
Freddy nunca había pasado semejante frío,
al igual que el resto de las hojas,
las cuales tiritaban al estar cubiertas
con una delgada capa de hielo blanco
que se derritió rápidamente y las dejó
empapadas de rocío, pero
resplandecientes, bajo el sol
de la mañana…
Otra vez fue Daniel quien les explicó a todas
que habían vivido su primera helada, una señal inequívoca
de que el otoño estaba en todo su esplendor
y de que pronto llegaría
el invierno…
Casi de un día para otro,
todo el árbol, y en realidad, todo el parque,
se transformó en una verdadera llamarada de color.
Apenas si quedó alguna
hoja verde…
Alfred se había vuelto de un color amarillo profundo.
Ben de un naranja brillante. Clara se había vuelto roja
como una llama; Daniel, adoptó un púrpura profundo,
y Freddy estaba rojo, dorado y azul.
¡Qué hermosos estaban todos!
¡Freddy y sus amigos habían convertido el árbol
en un bellísimo arco iris!
“¿Por qué nos ponemos de diferentes colores,
preguntó Freddy, si todos estamos en el mismo árbol?”
“Cada uno de nosotros es diferente del otro. Hemos tenido
experiencias diferentes del otro. Hemos mirado al sol,
y hemos dado sombra de maneras diferentes”,
respondió Daniel. “Entonces, ¿por qué no habríamos
de tener distintos colores?”,
apuntilló con realismo.
Y Daniel le aclaró a Freddy que esa estación maravillosa
se llamaba Otoño.
Pero un día comenzó a suceder algo muy extraño.
Las mismas brisas que en los meses anteriores
los habían hecho bailar alegremente,
comenzaron a empujarlos y a tirar con fuerza
de sus tallos, casi como si estuvieran
enojadas con ellos...
Y esta circunstancia fue la causa de que algunas
de las hojas se quebraran y cayeran de sus ramas, y fueran
levantadas por el viento, sacudidas de un lado a otro,
hasta posarse suave y finalmente
sobre el suelo…
A la vista de lo ocurrido,
todas las hojas se asustaron.
“¿Qué esta sucediendo?”,
se preguntaban unas a otras en susurros.
“Lo que sucede en el otoño”,
les explicó Daniel.
“Ha llegado el momento
de que las hojas cambien de hogar.
Algunas personas lo llaman
morir”.
“¿Todas nosotras moriremos?”,
preguntó Freddy.
“Sí”, respondió Daniel.
“Todo muere, sea grande o pequeño, débil o fuerte.
Primero cumplimos nuestra tarea. Sentimos el sol y la luna,
el viento y la lluvia. Aprendemos a bailar y a reír.
Y realizada la tarea, llega el momento
de morir”…
“¡Yo no voy a morir!”,
dijo Freddy con determinación.
“¿Tú vas a morir también, Daniel?”
“Sí”,
respondió Daniel con firmeza en su voz,
“cuando llegue mi hora”.
“¿Cuándo será?”,
pregunto Freddy.
“Nadie lo puede saber con certeza”,
respondió Daniel.
Freddy observó
que otras hojas continuaban cayendo,
y pensó:
“Debe de haber llegado su hora”.
Y también vio que algunas de las hojas resistían
los golpes del viento antes de caer, y que otras,
simplemente, se dejaban ir y caían
mansamente…
En pocos días,
el árbol quedó casi desnudo.
“Tengo miedo de morir”,
le dijo Freddy a Daniel con tristeza.
“No sé qué es lo que hay allá abajo”.
“Todos tememos lo que no conocemos, Freddy.
Es natural”, le tranquilizó Daniel.
“Sin embargo, no tuviste miedo cuando
la primavera se convirtió en verano. No tuviste miedo
cuando el verano se transformó en otoño.
Eran cambios naturales. ¿Por qué tendrías que temer
a la estación de la muerte?”
“¿El árbol también muere?”,
preguntó Freddy.
“Algún día. Pero hay algo más fuerte que el árbol:
la Vida, la vida es eterna, y todos somos parte de ella”,
le respondió Daniel.
“¿Adónde iremos cuando muramos?”,
volvió a preguntar Freddy.
“Nadie lo sabe. ¡Ese es el gran misterio!”,
dijo Daniel con una sonrisa.
“¿Regresaremos en la primavera?”,
Freddy seguía insistiendo con sus preguntas...
“Nosotros no, pero la vida sí”,
y Daniel continuaba respondiendo con paciencia…
“Entonces ¿cuál ha sido la razón de todo esto?”,
siguió preguntando Freddy con enfado.
“¿Por qué estamos aquí?¿Sólo para caer y morir?”
Daniel respondió, como siempre,
de la manera más objetiva que pudo:
“¿Por qué?
Por el sol y la luna;
por los momentos felices que hemos pasado juntos;
por la sombra y los ancianos y los niños;
por los colores del otoño; por las estaciones.
¿No son razones suficientes?”
Esa tarde, en la luz dorada del crepúsculo,
Daniel se desprendió de la rama. Cayó sin esfuerzo.
Y mientras caía parecía sonreír
apaciblemente…
“Hasta pronto, Freddy”,
dijo…
Después, Freddy quedó solo.
Era ya la única hoja que permanecía
en su rama…
La primera nevada cayó a la mañana siguiente.
Era blanda, blanca y suave, pero dolorosamente fría para Freddy.
Además, apenas hubo sol ese día, que fue muy corto.
Freddy notó que perdía el color y se volvía quebradizo.
El frío era cada vez más gélido, y la nieve pesaba mucho sobre él.
Así que, al amanecer, el viento que se levantó no tuvo
problema alguno en separar a Freddy
de su rama…
Y, mientras caía,
pudo ver el árbol entero por primera vez.
¡Qué fuerte y firme era! Estaba seguro de que viviría
mucho tiempo, y el saber que había sido parte de esa vida,
le llenó de orgullo.
Freddy fue a parar a la cima de un montículo de nieve.
Era bastante blanda, y hasta cálida, y en esta nueva posición,
Freddy se encontraba más cómodo que nunca.
Cerró los ojos y se quedó dormido…
No sabía que,
después del invierno, volvería de nuevo la primavera
y la nieve se derretiría y se transformaría
en agua…
No sabía que su ser,
aparentemente seco e inútil, se uniría al agua
y serviría para que el árbol se hiciera
aún más fuerte...
Y, sobre todo, no sabía que allí,
dormidos en el árbol y en la tierra, ya había proyectos
de nuevas hojas que nacerían, como hizo él,
al llegar la primavera…
Me gustó mucho el post y la idea que más me hizo eco es que "el aceptar lo que nunca lograré hacer es una forma de madurar"
Quizás no en el temas de los libros, pero hay sueños que es mejor soltar para abrazar con nuestra realidad....
A mi, muy seguido, me gustaría tener el valor de soltarlos... pero qué le puedo decir?? soy bien terca... jeje
Un beso!
la comparto, la comparto... y del café, sólo sorteo las balas y si salgo bien librada, visitaré próximamente el Df... let you now!
ups me dejaste pensando............me fascino tu post pero ala vez mmm me doy cuenta q me faltan mil cosas q hacer q si quierooooooo hacer ups ojala no se acabe el mundo para hacerlas ya .......
besos guapo
Hola a todos! (desde mi retiro cocoyoquense):
Jo: me gustó lo de Oximorón. De alguna forma la contradicción se me había ya escondido. Pues deje su password y rece x que las estructuras cibernéticas duren algo más que los seres humanos...
Jean Paul: el libro, el libro... aun no sé ni cómo lo plantearía. Creo que llevo demasiado tiempo escribiendo ensayos técnicos... Pero el sueño persiste. También me da Nostalgia ese futuro !!!
Tessitore: bonito relato. Algo largo para los comments. Visitaré tu espacio.
Miss Lane: ya sabe, se le agradece...
Kiddo: gracias!! A través de tus ojos hasta me haces creer que tiene algo de poético el añorar los futuros imposibles...
Mis: sobreviva, ande, sobreviva...
Miss Maquiavélica: caray, que bueno que le gustó!! Lo mejor es valorar el aquí y el ahora...
Abrazo!!
Aunque no leamos todos los libros escritos, hay muchos que no son sino recopilaciones de otros, están influenciados o son las mismas ideas reinventadas o repetidas.
Si hablamos de ideas desnudas de su costra estilística y contextual quizá no nos quede tanto por leer. Más bien mucho que recordar.
Hola Manuel! Perdonarás que he andado un poco desaparecido, pero se me atravesaron unas semanas complicadas de trabajo, seguidas de una vacación (no sé si "merecida" o no, pero sin duda, aprovechada...) Me encantó lo del Dejà Vu. La nostalgia tiene un poco de ese haber vivido las cosas... ¡Felicidades a ti también!
Hola Herel! Bienvenido! En efecto, mucho de lo que se escribe a cada minuto son revisitaciones de obras maestras y originales. Quizá el 95% de todo lo que escribimos los mortales sea un volver a lo mismo, como las canciones que hablan del amor, las películas de intrigas y conspiraciones... y los libros. Sin embargo, es a través de estas "revisitaciones" como vamos llegando al origen. Y a veces, es a través de generarlas, como algún escritor logra al final aportar algo. Por ello la nostalgia persiste. Aún si es un sólo libro majestuoso el que se escribirá en el futuro. Por ese sólo libro, vale la pena añorarlo...
Abrazo!
G.
Publicar un comentario