Escribo esto desde mi habitación en Hong Kong. A través de la ventana se aprecia la bahía de Kowloon, la parte continental de la misma mancha urbana. Pero de Hong Kong ("Olor a Puerto") hablaré en mi siguiente post. Ahora más bien aprovecho estos instantes para hablarles un poco de Tokio y de su semana del Cherry Blossom...

Llegamos a Tokio un miércoles y desde el aeropuerto hasta la ciudad pudimos apreciar cientos de cerezos en flor, cubriendo de blanco y rosa la autopista, los parques, la ciudad. Tal y como la jacaranda cubre la Cd de México, así las flores del árbol que es el símbolo de la capital nipona cubren todo. La vista es, sin duda alguna, hermosa.
Después nos enteraríamos que los cerezos florean sólo una o dos semanas al año, precisamente ahora a inicios de abril y esto conmociona al país. De hecho, en las oficinas dejan a la gente llevarse el trabajo a los parques para poder convivir el máximo tiempo posible con aquellos árboles. Conforme pasan los días, el viento deshoja los cerezos y crea un efecto, cual nevada, definitivamente romántico.
¿Recuerdan las caricaturas japonesas en las que se ven los petalillos cayendo a miriadas? pues así es en la realidad. Pero esto tiene un segundo efecto: el polen que generan estos árboles resulta alérgico a buena parte de la población así que se ven por la ciudad cientos, sino es que miles de nipones con tapabocas. Al principio creímos que se debía a alguna infección respiratoria, pero justo cuando nuestro temor por alguna epidemia no diagnosticada, nos comentaron que era por el polen que sueltan los árboles precisamente esa semana. Dos fenómenos en un sólo viaje...


Pero como decía antes, son también barrocos, abigarrados y, debo decirlo, bastante kistch... Por no decir "Naco", que aunque los describe mejor, también es una expresión más local. Más mexicana. Los japoneses logran crear ese contraste, pues de pronto y, casi sin aviso, en su ciudad nos topamos con barrios enteros donde el kanji - la escritura "moderna" - salta por todos lados, en colores que harían palidecer a aquellos viejos anuncios de Kodak. Los autobuses son rosas, morados, verde perico... los taxis son naranja brillante o verde pasto también... La esquina de Ginza y Matsuya, equivalentes a Times Square en Nueva York o Picadilly Circus en Londres, es tan impresionante que realmente hace parecer a aquellas esquinas tan famosas, tan llenas de luz... tímidas... por decir lo menos...


Lo único cierto es que, si bien son todos sitios llamativos cuando uno los ve por primera vez, en estricto honor a la verdad - y a la estética - están más aparentados con el estridentismo que con el neoclasicismo. Nos hacen sentir más cerca de "Las Vegas" que de la capital de una nación. Vamos: son sitios nacos. Kistch.
Así es el nipón cuando deja salir al niño que lleva dentro. Y es que en el fondo, son como niños. Los anuncios contienen casi siempre figuras animadas extraordinariamente simples. Coloridas. O fotografías de modelos que parecen casi niñas. Las revistas y los comics son estridentes, coloridos, infantiles. Los anuncios en la televisión caen en el humor de pastelazo. Curioso, pero los manequís en los aparadores son occidentales... mujeres rubias, de ojos azules, altas, plásticas observan a los japoneses todos los días desde las vitrinas de los grandes almacenes comerciales...
Los muchachos japoneses ahora usan el cabello en formatos que desafían la gravedad (y todo parámetro estético), mezclando una apariencia de pordioseros, con la de guerreros de juego de video... Las niponas son dulces y extraordinariamente femeninas. Caminan, mueven las manos, la cabeza y las manos en formas que sólo transmiten dulzura y suavidad. Pero visten ahora colores y ropas "trash" que crean en conjunto toda una ironía visual...
No sé cómo explicarlo, pero, a su modo, me parecieron muy tiernos. Gente trabajadora como hormiguitas. Capaces de la estética más pura y minimalista y también de la esquinas más estridentes, coloridas y abigarradas que he visto jamás. Gente que sonríe con frecuencia, y evita mirar a los ojos, que baja la vista, hace reverencia y pide perdón por todo, hasta para indicarnos que hemos cometido una equivocación, un error o, peor aún, piden disculpas para regañarnos...

Después de dos días, sé que quiero volver...
Pero todo termina y de ahí volamos a Hong Kong y el contraste ha sido demasiado agresivo para comentarlo en este post.
Abrazos!
G.

Llegamos a Tokio un miércoles y desde el aeropuerto hasta la ciudad pudimos apreciar cientos de cerezos en flor, cubriendo de blanco y rosa la autopista, los parques, la ciudad. Tal y como la jacaranda cubre la Cd de México, así las flores del árbol que es el símbolo de la capital nipona cubren todo. La vista es, sin duda alguna, hermosa.
Después nos enteraríamos que los cerezos florean sólo una o dos semanas al año, precisamente ahora a inicios de abril y esto conmociona al país. De hecho, en las oficinas dejan a la gente llevarse el trabajo a los parques para poder convivir el máximo tiempo posible con aquellos árboles. Conforme pasan los días, el viento deshoja los cerezos y crea un efecto, cual nevada, definitivamente romántico.
¿Recuerdan las caricaturas japonesas en las que se ven los petalillos cayendo a miriadas? pues así es en la realidad. Pero esto tiene un segundo efecto: el polen que generan estos árboles resulta alérgico a buena parte de la población así que se ven por la ciudad cientos, sino es que miles de nipones con tapabocas. Al principio creímos que se debía a alguna infección respiratoria, pero justo cuando nuestro temor por alguna epidemia no diagnosticada, nos comentaron que era por el polen que sueltan los árboles precisamente esa semana. Dos fenómenos en un sólo viaje...
Los japoneses cuidan absolutamente todos los detalles. Desde la autopista me lo hizo notar un compañero de viaje, ingeniero civil, quien apreciaba como a todo lo largo de la vía habían tenido el cuidado de rematar adecuadamente todos los taludes. Después de los adecuados cortes y la malla, la hierba - escogida especialmente por sus largas raices - cubría ambas orillas de la carretera. El resultado es que todo el tiempo una alfombra verde, homogénea, nos flanquea el camino.
No hay un sólo anuncio panorámico. Ni en la autopista, ni en las vías rápidas de la ciudad. Sólo en ciertas calles, las comerciales, consideradas de tráfico lento, el neón y las pantallas cubren el espacio visual. Es ahí dónde surge ese pequeño barroco que toda civilización trae dentro. En el resto, los nipones tienen una ciudad hermosa, en cierta forma minimalista, con un arquitectura realmente impresionante. Ahora entiendo por qué un japonés fue elegido para concluir la Sagrada Familia iniciada por Gaudí, en Barcelona y también por qué el proyecto ganador de la Millenium Tower, es también japonés. Son verdaderos artistas del espacio.
No hay un sólo anuncio panorámico. Ni en la autopista, ni en las vías rápidas de la ciudad. Sólo en ciertas calles, las comerciales, consideradas de tráfico lento, el neón y las pantallas cubren el espacio visual. Es ahí dónde surge ese pequeño barroco que toda civilización trae dentro. En el resto, los nipones tienen una ciudad hermosa, en cierta forma minimalista, con un arquitectura realmente impresionante. Ahora entiendo por qué un japonés fue elegido para concluir la Sagrada Familia iniciada por Gaudí, en Barcelona y también por qué el proyecto ganador de la Millenium Tower, es también japonés. Son verdaderos artistas del espacio.
Pero como decía antes, son también barrocos, abigarrados y, debo decirlo, bastante kistch... Por no decir "Naco", que aunque los describe mejor, también es una expresión más local. Más mexicana. Los japoneses logran crear ese contraste, pues de pronto y, casi sin aviso, en su ciudad nos topamos con barrios enteros donde el kanji - la escritura "moderna" - salta por todos lados, en colores que harían palidecer a aquellos viejos anuncios de Kodak. Los autobuses son rosas, morados, verde perico... los taxis son naranja brillante o verde pasto también... La esquina de Ginza y Matsuya, equivalentes a Times Square en Nueva York o Picadilly Circus en Londres, es tan impresionante que realmente hace parecer a aquellas esquinas tan famosas, tan llenas de luz... tímidas... por decir lo menos...
Lo único cierto es que, si bien son todos sitios llamativos cuando uno los ve por primera vez, en estricto honor a la verdad - y a la estética - están más aparentados con el estridentismo que con el neoclasicismo. Nos hacen sentir más cerca de "Las Vegas" que de la capital de una nación. Vamos: son sitios nacos. Kistch.
Así es el nipón cuando deja salir al niño que lleva dentro. Y es que en el fondo, son como niños. Los anuncios contienen casi siempre figuras animadas extraordinariamente simples. Coloridas. O fotografías de modelos que parecen casi niñas. Las revistas y los comics son estridentes, coloridos, infantiles. Los anuncios en la televisión caen en el humor de pastelazo. Curioso, pero los manequís en los aparadores son occidentales... mujeres rubias, de ojos azules, altas, plásticas observan a los japoneses todos los días desde las vitrinas de los grandes almacenes comerciales...
Los muchachos japoneses ahora usan el cabello en formatos que desafían la gravedad (y todo parámetro estético), mezclando una apariencia de pordioseros, con la de guerreros de juego de video... Las niponas son dulces y extraordinariamente femeninas. Caminan, mueven las manos, la cabeza y las manos en formas que sólo transmiten dulzura y suavidad. Pero visten ahora colores y ropas "trash" que crean en conjunto toda una ironía visual...
No sé cómo explicarlo, pero, a su modo, me parecieron muy tiernos. Gente trabajadora como hormiguitas. Capaces de la estética más pura y minimalista y también de la esquinas más estridentes, coloridas y abigarradas que he visto jamás. Gente que sonríe con frecuencia, y evita mirar a los ojos, que baja la vista, hace reverencia y pide perdón por todo, hasta para indicarnos que hemos cometido una equivocación, un error o, peor aún, piden disculpas para regañarnos...
Después de dos días, sé que quiero volver...
Pero todo termina y de ahí volamos a Hong Kong y el contraste ha sido demasiado agresivo para comentarlo en este post.
Abrazos!
G.
3 comentarios:
Imagino los cerezos en flor, que belleza debe ser esa autopista tapizada de blanco...
Un besito, disfrutá de Tokio!
Qué interesante. Lo de los árboles lo sabía por Doraemon (el comic). La personalidad por lo que cuentas parecen que son un poco infantiles, pero buena gente. Gracias por contarnoslo. Un beso.
No me ha dado tiempo de leerte, pero sentí emoción nada más de ver el título (jeje)... Imagino que el relato será muy bueno, así que lo leere con calma al rato y te agrego los comments...
Fotos!! fotos!!! ya quiero ver fotos.
Te mando un abrazote y espero que lleves contigo la guía de supervivencia del viajero frecuente, recuerdas? (jijiji).
Un abrazo!
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