sábado, 19 de septiembre de 2009
Poner el Grito en el Cielo...
La noche del 15 de septiembre, como cada año, se revive en todas las plazas de México el momento de la arenga del cura Miguel Hidalgo y Costilla, lanzada en 1810, desde la plaza de la ciudad de Dolores, Hidalgo, llamando al pueblo a la lucha. Es el aniversario del inicio de la gesta de Independencia, denominada actualmente como “Dar el Grito” y que provee un espacio de fiesta a todo el país. Particularmente este año se conmemoran 199 años del hecho y el 20 de noviembre celebraremos 99 años de gesta revolucionaria. Un número como cualquier otro, pero con la hermosa particularidad de su cercanía a las centenas.
Los días previos (y también en los subsiguientes) pude leer en blogs y en las redes sociales infinidad de comentarios encontrados sobre esta celebración. Los había tanto de apoyo como de crítica. De algarabía como de pesimismo. Muchos se quejaban de que “no hay nada que celebrar”. Otros sencillamente lanzaban el “Viva México” a la red. Algunos incluso se sumaron a una protesta silenciosa (tan silenciosa que me enteré algunos días después). Todo se desvanece con el estallido de la pólvora de los cohetes. Al fin y al cabo, el evento está presente. El mito persiste. El rito se realiza y los fetiches vuelven a colorear nuestro mundo, una vez más.
El mito: que ese acto marca el inicio de la gesta de independencia.
El rito: la convocatoria a todas las plazas del país, para que el gobernador del estado o el mismo presidente, lanzen su particular visión del grito.
El fetiche: la campana.
Toda civilización requiere de un determinado mito que le ayude a explicar su existencia. La palabra “mito” viene de “límen” o “límite”. Es decir, marca una frontera entre el pasado y el presente. El mito es la línea que separa el caos anterior del orden actual. El mito es la explicación de cómo la civilización en concreto pasó de un estado previo de barbarie a su estado civilizado. Es decir: es la justificación de si misma. El mito se constituye a su vez de leyendas (del latín “legenda”: “lo que hay que leer”) que, de forma anecdótica, nos “educan” en el mito…
El rito consiste en conmemorar ese mito. Se recuerdan las anécdotas, se releen las escrituras, se reviven los hechos, se traen a la memoria los nombres de los héroes, de los villanos, de las víctimas y de las glorias e infamias de cada uno. Y se brinda. No existe rito en la historia de la humanidad que no contemple el brindis (al menos, no un rito que se precie de cierta envergadura). El alcohol ha estado desde tiempos inmemoriales ligado a los ritos, pues es efluvio de soltura, fluidez, desinhibición, risas y alegría colectiva. El vino es la sangre del mito. El vino es el calor de la batalla, la sangre de los caídos, la pasión de los amantes, la gloria de los héroes y la memoria del pueblo. (Y sí, es uno de mis compañeros favoritos al momento de escribir).
Finalmente el fetiche es el elemento (o conjunto de ellos) en los cuales se centra el mito y, por ende, son las herramientas del rito. Los instrumentos usados para conmemorar el paso de la ignominia a la libertad, de la barbarie a la civilización.
México, como toda civilización antigüa o incipiente, tiene sus mitos y sus ritos. Y tiene cientos de fetiches. Son defendidos a ultranza por los maestros de las escuelas primarias. Individuos de formación diversa y alcances también erráticos. Sumos sacerdotes de la enseñanza en un país que no se caracteriza por sus avances intelectuales y que insuflan con pasión ardorosa el amor a esos fetiches (símbolos) y a esas leyendas (historia nacional).
Se nos ha dicho que nuestra historia es milenaria, antigüa como el mundo mismo, plagada de heroicos caballeros águila y jaguar. Se nos enseña en las aulas como estos héroes míticos sucumbieron conquistados por el enemigo europeo (1521), saqueados por la codicia de las potencias extranjeras. Se nos dice que luchamos por nuestra libertad y logramos la independencia (1810), para después luchar nuevamente por mayor equidad, por eso hicimos la revolución (1910) y ahora, más recientemente, logramos finalmente la democracia (2000).
El problema con los mitos es que, como su nombre sugiere, tienen más anclaje en la imaginación, que en la realidad. Sirven con un propósito: moralizar al pueblo, educarlo, amaestrarlo, pero no iluminarlo. Sirven para guiar, pero en su mismo seno está la semilla de la esclavitud, pues no liberan. Por el contrario, los mitos condicionan. Manipulan. Por eso son tan útiles para cualquier político. Legítimo o Espurio. Todo está en el uso indiscriminado de adjetivos.
México es un país de mitos.
Nos gusta soñar con un pasado glorioso del que nada queda en la constitución, estructura y sociedad mexicana modernas. Querer ver caballeros águila en los chóferes de microbuses o místicos sacerdotes en los ancianos que fuman peyote en los desiertos tiene un nombre en psicología: racionalización. En psiquiatría se llama delirio.
En México, la Conquista la consumaron los indios; la Independencia, los españoles. La Revolución en realidad fue una serie errática de Golpes de Estado, y la moderna Democracia surgió de los propios autócratas. Querer sublimar a algunos personajes y estigmatizar a otros es simple manipulación. Los nombres de nuestra historia, como los de cualquier historia en cualquier otro lugar, tienen luces y sombras. Aciertos y desaciertos. No existen “buenos y malos”, sólo participantes. Hernán Cortés y Porfirio Díaz no son “los malos de la película”. Como tampoco Hidalgo o Juárez pueden ser llamados “los buenos”. Es tan reduccionista como infantil.
Nuestra historia milenaria no tiene influjo alguno sobre los modernos pobladores de México. Fueron los tlaxcaltecas los que realmente derrocaron al imperio azteca. Fue el ejército realista español quien hizo la entrada triunfal en la Ciudad de México en 1821. La Revolución fue una colección 10 años de traiciones y golpes de estado entre generales, pues el “Tirano” Porfirio Díaz había abandonado el país a los 5 meses de “iniciada” la lucha. Y la Democracia actual, la famosa alternancia que vivimos desde el año 2000 pudo darse gracias a las reformas y personajes dentro del famoso partido “de la dictadura perfecta” (Vargas Llosa dixit).
“Cómo México no hay dos” dice un cliché de antaño. Y tiene razón, no hay dos. Hay como doscientos paises similares en constitución, historia y paisajes. “México es un país de contrastes” reza otro lugar común. Y también es verdad: tenemos a algunos de los más pobres en el mundo y también a unos de los más ricos. Tenemos gente increíblemente culta, una gran cantidad de iletrados y una enorme mayoría de analfabetos funcionales (siempre los más peligrosos). Quizá la realidad es que somos un país de clichés, de lugares comunes…
Si algo tiene México es que es sencillamente absurdo. Irreal. Sueña con una grandeza que no ha construido y exige una justicia por la que no ha luchado. Las profesiones más denigradas en este país son la de maestro y la de policía: quienes velan por la enseñanza y la justicia. En este país es posible ser grabado en video tomando dinero del erario y luego postularte para un puesto de elección popular. Puedes alegar que quieres lo mejor para el pueblo y dedicarte a ignorarlo (como en su momento hiciera Montesquieu). Puedes subir impuestos para solucionar una crisis de consumo y obviar por completo la ineficiente base recaudadora o las erogaciones gubernamentales. También puedes criticar de manera ácida y virulenta al gobierno e, incluso, sugerir acciones violentas y encima acusar a los gobernantes de tiranos (una contradicción deliciosa, debo decir, pero también inútil y hasta perniciosa). O puedes bloquear avenidas por meses, perjudicar a cientos de miles de personas que trabajan honestamente y luego autonombrarte campeón popular.
Ante esto, acciones tales como el secuestrar una aeronave para prevenir de un futuro temblor o matar a un policía para pintar la pared de una estación del Metro, se vuelven, incluso, pálidas. Lo que es pasmoso es la apatía de todos nosotros. Una apatía que nace al sentir que el sistema es invencible y que la única manera de transformarlo es mediante la violencia de los demás. México sí necesita cambios, pero son en cada uno de nosotros. Cambios que para muchos serán dolorosos si no los ayudamos a cambiar. En sus oficinas burocráticas, en sus curules, en sus pueblos, en sus oficinas, en sus puestos de mercado... Pero eso no era el motor de este post. Lo que realmente quería era "poner el grito en el cielo..."
Por eso André Bretón cuando visitó México quedó maravillado y escribió en sus cartas a los colegas en Francia: “Olviden la búsqueda del paraiso surrealista. Ya lo encontré.”
Abrazo,
G.
*** Update ***
El sábado asaltaron a una de mis hermanas y, en otra parte de la ciudad, robaron también a la esposa de un amigo. Mi hermana logró recuperar sus cosas, gracias a la ayuda de varias personas y policías, sin embargo, intentar poner una denuncia en la delegación se convirtió en un calvario de tintes kafkianos... justo de lo que hablo arriba. Este país seguirá condenado mientras no seamos capaces de eliminar la burocracia, agilizar procesos y volcarlos hacia el servicio, en vez de hacia el estado, como son ahora...
Etiquetas:
Esta realidad fantástica...,
Filosofando,
Le hago al sociólogo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
6 comentarios:
Recuerdo cuando mi abuela decía que antes cada quién desde su trinchera decía vivir feliz, cómodo o tranquilo, cuando yo no pensaba siquiera en preguntarme como hoy, cuál era la ciudad ideal para vivir.
Agotados por la espiral decadente que se vive en este Pais en sus modos cotidianos y sus formas de vivir, yo le acoto un término a pesar del mal tiempo que se ha instalado...
Yo vivo en deuda permanente con la ciudad de México le debo casi todo: Familia, Carrera, Afectos, Sitios singulares y hasta novios citadinos.
México encierra en sí una terrible concentración de los males nacionales agolpados en territorios desde el sur hasta el norte del país: Pobreza, desigualdad, desempleo, violencia, cacicazgo (desde el político al Cultural), con el mayor índice de homicidios de mujeres o violencia pero que a veces parece que nadie lo notamos o se nos olvida andando como autómatas o autistas con nuestros audifonos e ipods, bailando una canción de Michael Jackson
todo este país es maravilloso Completito con todo y esas indigencias, aunque pareciera que necesitemos alicientes ridículos como espectáculos faranduleros de quinta, Fútbol o adornitos llenos de brillito y lentejuela para el patriotismo.
habría que colgarse el mote de "seudo optimistas" o necesitar de un temblor para volver a vernos ayudarnos entre nosotros y sacudir un poco el polvo del que ya nos acostumbramos a llevar...
Hay que empezar a construir el presente.
Respecto a lo de la productividad, los factores que mencionaste en tu comentario pueden influir pero creo que parte de por quê no avanzamos es por esa manîa que tenemos de echarle la culpa a todo lo externo.
Certero como siempre Maestro Jorn.
Siempre hay una pregunta que me hago, cuando tocamos en alguna comida famliar, en alguna reunión de negocios o en toda sobremesa dentro del país. Suponiendo que tuvieramos la posibilidad de cambiar, finalmente como dices, un cambio quizas doloroso en la medida que deseamos mejorar pero "sin perder lo que tenemos" -vale que de esta frase sale toda una ironía digna de un post completo-
Hacia donde cambiariamos?
Pienso a veces que hemos estado tanto tiempo en una situación, con la apatía que mencionas que nadie se ha puesto a imaginar siquiera como sería el México una vez realizado el cambio. Por ahí hay algunos fragmentos rarisimos y perdidos de utopías nacionales. Pero finalmente son tan extraños, como dificil debe ser para el visionario más atrevido, o resucitando a Philip K. Dick, el poder imaginarse el México posterior al cambio.
La unica referencia que se me ocurre es una película del Hector Lechuga risiblemente conocida como México 2000.
Nos resulta risible por la incredulidad? Es tan remoto ese tipo de País?. Hablar de eso, nos causa el mismo escepticismo al predecir que la selección ganara el mundial, o que la UNAM desea crear una agencia espacial.
En lo personal, nos quejamos de todo. Pero no creemos posible que exista una tierra más alla del tunel. Simplemente no tenemos un punto de referencia para creerla real.
Pero tu que has viajado, que has conocido otros países, otros modelos. Te daras cuenta que todos tienen problemas, simplemente en la conciencia general se tiene la noción que se puede mejorar de la situación actual.
Sera que le tenemos un miedo mortal a lo desconocido?
Le paso el link de una critica sarcástica y burlona que hice hacia un colectivo popular del cual asumo todos somos parte:
http://nortea.blogspot.com/2009/03/que-facil-seria-apoderarme-de-todos.html
me gustaría que me opinara si no es que la ha leído.
Un abrazo Master Jorn.
JP
Si a este trozo de tu post le ponés cambias la palabra México por Argentina, nadie dudaría que es un argentino el que lo escribe...
Si algo tiene México es que es sencillamente absurdo. Irreal. Sueña con una grandeza que no ha construido y exige una justicia por la que no ha luchado. Las profesiones más denigradas en este país son la de maestro y la de policía: quienes velan por la enseñanza y la justicia. En este país es posible ser grabado en video tomando dinero del erario y luego postularte para un puesto de elección popular. Puedes alegar que quieres lo mejor para el pueblo y dedicarte a ignorarlo (como en su momento hiciera Montesquieu). Puedes subir impuestos para solucionar una crisis de consumo y obviar por completo la ineficiente base recaudadora o las erogaciones gubernamentales. También puedes criticar de manera ácida y virulenta al gobierno e, incluso, sugerir acciones violentas y encima acusar a los gobernantes de tiranos (una contradicción deliciosa, debo decir, pero también inútil y hasta perniciosa). O puedes bloquear avenidas por meses, perjudicar a cientos de miles de personas que trabajan honestamente y luego autonombrarte campeón popular.
Si prestás atención somo muchos latinoamericanos los que estamos así.
Será que todavía nuestros países están en un período adolescente? Creo que sí, porque adolescemos de muchas cosas...
Un beso G!!
PD: hay se me escapa decirte Gío... :P
Hola a todos!
Jolie: Me gustó aquello de pseudo-optimistas! En efecto, el mexicano es "sufridor" y "aguantador". Quizá en el fondo es que preferimos olvidar que enfrentar. Pero también es verdad que tiene muchos aspectos hermosos y tiene particularmente gente verdaderamente hermosa en actitud, en generosidad y en amistad. Me da gusto que nos hayas adoptado como "segunda patria" ;)
P.C.: Gracias por comentar en mi blog. Sobre el tema, entiendo que tú buscabas hacer un llamado sobre la decisión personal de ser productivo. Yo no descargo la responsabilidad del individuo en lo externo. Sí afirmo que los elementos del entorno me ayudan a inclinar mi decisión en uno u otro sentido. Dice un viejo adagio entre contralores que "lo que mides es lo que obtienes" y es que los seres humanos buscamos adaptar nuestro comportamiento de manera que minimicemos nuestros costos personales.
Jean: Creo que el cambio debería ser hacia una sociedad más colaborativa. Sí ví la película de Héctor Lechuga y me parecía fantástica, sobretodo porque todo lucía absolutamente inverosímil. Yo creo que el problema no está en las personas a nivel individual (aunque sí hace mucha falta más educación y más oportunidades), sino en los modelos que hemos adoptado para nuestras empresas e instituciones. Prometo leer tu post!
Flor! Jaja, con que "Gio" ¿eh? Sí, muchos países latinoamericanos padecemos de lo mismo. Finalmente nuestra historia se "hermana" en su origen y corre en paralelo los siglos que nos han definido. Ojalá sigamos evolucionando para bien!
Un abrazo a todos!
G.
HOla,
deseo compartir con ustedes el video que cree gracias por leer todos estos blogs de finanzas personales
http://www.youtube.com/watch?v=p2oN4vEIz_Y
Publicar un comentario