jueves, 2 de octubre de 2008

Mañana en la batalla piensa en mi - Javier Marias

"Y cuan poco va quedando de cada individuo en el tiempo inútil como la nieve resbaladiza, de qué poco hay constancia, y de ese poco tanto se calla, y de lo que no se calla se recuerda tan sólo una minima parte, y durante poco tiempo..."

Hace ya casi seis años, estaba discutiendo de libros con un compañero de trabajo, quien ha leído bastante, pero cuya soberbia intelectual a veces lo hace de difícil convivencia. La discusión era - como casi todas las discusiones - un combate sin sentido, originado por alguna diferencia de opinión acaso interesante, pero que había degenerado en retórica. Umberto Eco lo dijo hace mucho: "Dadle el tiempo suficiente y toda discusión terminará en semántica". Sin embargo, al calor del final me preguntó si había yo leído alguna vez a Javier Marías a lo cual respondí negativamente. Con una sonrisa triunfal declaró: "Entonces no tiene caso seguir hablando. Lee Mañana en la batalla piensa en mi..." y dió por terminada la charla.

A pesar del severo entripado que me dejó el abrupto final - o quizá precisamente por eso - me dediqué de inmediato a buscar el dichoso librito. Pensé que era un buen título. Lo encontré casi de inmediato en una librería cercana a mi casa, leí la contraportada, me pareció simpático a secas... y decidí adquirirlo después. La frase "después vuelvo por él" es a un libro lo que aquella otra de "nos hablamos" lo es a los conocidos. Se dice fácil y se olvida aún más pronto. Planes que se gestan y se agotan en el aire, desvaneciéndose junto con las intenciones que les dieron pie. Y la vida, que siempre es complicada, me alejó una y otra vez de la librería hasta que, decidido, un buen día regresé por el libro.

Se había agotado.

Lo busqué en todas las librerías. Preguntaba por él y nada. Dos años lo encargué aquí y allá y siempre la respuesta era "quizá en dos semanas lo tengan", "ya no lo publican", "¿Julián Marías?". Algún par de almas caritativas intentaron regalármelo (quizá ya hartos de mi obsesión con el dichoso librito), pero todo intento fue inútil. Incluso compré alguna otra novela del mismo autor, pero esas malditas taras psicológicas que llamamos "tenacidad" o "necedad" (todo depende del resultado), me impedían comenzar por otra obra suya.

Y lo olvidé. Olvidé que algún día lo había buscado.

Mucho tiempo después, estaba en Madrid y entré a una librería buscando el encargo de un amigo mío. Tenía prisa, así que pregunté directamente en mostrador y el vendedor fue a buscar el libro, mientras yo paseaba la mirada por la estantería más próxima. Caminé dos pasos quizá y de pronto, a la altura de mis ojos, lo ví.

¿Alguna vez han sentido un leve picor en el rostro? ¿Un curioso mareo que nos hace dudar de la realidad? ¿Han sentido ese temblor en las manos? ¿Han leído la emoción que le produjo a Bastián Baltasar Bux encontrar un libro titulado "La historia interminable"? De verdad no exagero. Es encontrar algo que creías ya perdido, que habías olvidado buscar. No sé cómo explicarlo.

Esta vez sí lo compré.

Años duró la obsesión por conseguirlo. Semanas apenas la de leerlo. Dicen que la soledad te ayuda a encontrarte a ti mismo. Dicen que la lectura te ayuda a verte reflejado en otras realidades. Y dicen también que lejos de todo tu mundo, puedes ver el tuyo propio a la distancia. En aquella ocasión se sumaron las tres. Comencé el libro en un tren rumbo a Paris. Me acompañó durante un recorrido en auto por todo el norte de Italia. Lo terminé en la estación de autobuses de Zaragoza, un atardecer cualquiera.

Siempre estamos solos, aún en compañía de quienes nos aman o amamos, pero sólo en contadas ocasiones nos damos cuenta cabal de ello. Y un viaje a solas, contigo mismo, es un excelente espacio para estar "a solas" contigo. Un libro es como un viaje, en tanto te aparta de la vida real y te lleva a otro lugar, que por momentos te parece con mayor peso que tu vida ordinaria, pero que termina, que es finito y cuya trascendencia depende de ti mismo. Paladeé "Mañana..." del principio al final y me enamoré de la prosa de Marías (de tan reflexiva que cae en lo pomposa, en lo pedante). De sus interminables discusiones sin sentido, de sus narraciones cotidianas, no tan próximas como las de Saramago, distantes de la elegancia erudita de Borges, sencillas, contundentes: profundas.

En un libro de acción, una muerte puede tomar menos de un párrafo, por importante que sea para la historia. En este caso 60 páginas son un atisbo de la realidad cruda que representa la muerte. Lo curioso es que no se revela nada con esta afirmación.

El libro comienza con la muerte de una mujer a punto de ser infiel con un hombre al que apenas conoce. Su hijo de dos años dormita en el cuarto de al lado, donde figuras de aviones de la Segunda Guerra velan su malogrado sueño y sirven de metáfora para la frase que da título al libro y cuyo contenido dista mucho de lo que evoca. El hombre se debate ante del deber ser y el querer huir. Entre la finitud de la propia vida y a la vez de su inmensidad. Atestigua el fin de una vida, impotente, atónito, pero a la vez curioso. Se da cuenta con esa muerte que en las pérdidas lo superfluo perdura y se pierde siempre lo más íntimo. Se conservan los abrigos, los libros, los muebles. Se tira la ropa interior, el cepillo de dientes, el peine. Y es que lo más íntimo de nuestras posesiones es lo primero que se deshecha. Sobreviven las cosas en la medida en que estaban más lejos de nosotros. A lo largo del libro el protagonista conoce personajes impensables, recuerda protagonistas de su propia vida que han desaparecido y confronta su pasado con su presente, con el futuro que hubiera podido ser.

"Es insoportable que la gente que conocemos se convierta en pasado" dice un personaje a media novela. Jamás imaginarían quién ni en qué contexto y eso lo hace sensacional, pues le sirve al protagonista para entender que aquello es inevitable...

"Es insoportable que se convierta en pasado alguien que pudo haber sido un futuro".

El personaje de Marías, o Marías mismo acaso, se equivoca sin embargo pues no es que "todo se se pierda como las lágrimas en la lluvia", (parafraseando al Nexus 6, de la película Blade Runner). Eso es decisión personal. Uno escoge olvidar y dejar atrás el pasado o rumiar durante la vida los recuerdos, con lo cual nunca dejan de ser presente. A veces bloqueamos esos recuerdos por el sufrimiento que provocan, en otras ocasiones por anodinos o superfluos, y en unas pocas, para poder dar tiempo a perdonar y reconciliarme con ese pasado... para poder evocarlo a lo largo de la vida con la gratitud e indulgencia que se merece todo aquello que dejó huella, que nos ha moldeado, que contribuyó a convertirnos en lo que somos... o seremos...

Gio.

12 comentarios:

Merce dijo...

Creo que ya te he dicho, que me encantó esta novela, ¿verdad?... sí, creo que unas cuantas veces.
Desde luego, toda una epopeya tu historia con el libro en cuestión.
A mí me enganchó desde el principio, por todo, los personajes, la historia, tiene escenas geniales. Fantástico el ritmo de la narración. En definitiva, y para entendernos, me encanto.

Creo que ha llegado el momento de releerlo.

Gracias por compartir tu historia con este libro. Un abrazo...

loris lane dijo...

PERFECTO! Has escrito un blog hermoso de principio a fin, profundo, personal e interesante y ME ENCANTO!.
Tu me presentaste a Marías y más de una vez hemos hablado del tema. También me suenan familiares algunas de tus reflexiones y hace ya algún tiempo, leí un relato sobre esta novela, también tuyo.
Pero esté me ha dejado muchos temas para pensar… ¡ay los humanos! Somos tan complicados que nos explicamos muy fácil.

susana dijo...

La verdad es que no he leído el libro y sobre ese autor he oído opiniones muy contrarias. Yo, personalmente sólo conozco un artículo que escribió sobre las amas de casa, que me pareció ofensivo, así que la verdad es que no creo que lo compre. Pero me alegro de que a tí te haya inspirado tanto. Un beso.

Mariela Coral Remolina dijo...

Nunca he leido nada de ese autor pero tu blog (que recién descubro) ya hizo me dieran ganas.
Por cierto, me recordaste a una frase que escribí en alguna de mis libretas entre algunas de mis lineas que dice "hay historias que es mejor no contar para que el olvido se ocupe de ellas..."
Saludos.

Gio Yakún dijo...

Hola Merce! pues ya ves, tras tanta expectativa por el post y al final como que te quedaste con la historia paralela. Todo libro es un descubrimiento, pero la manera en la que llegamos a él nos brinda otros descubrimientos. Por cierto, me quedó la duda: ¿Te gusta el libro? (sólo por confirmar, jeje)

Miss Lane! Gracias por los halagos. Claro que es reflexivo, claro que en realidad ya lo había publicado antes y que tuve que hacerle algunas modificaciones, claro que todos somos el futuro de alguien más y el pasado de muchos (y muchas), pero la vida sigue y tenemos la fortuna de ser siempre los protagonistas de nuestra propia historia!

Susana: Te entiendo. El día en que lo ví en una entrevista me di cuenta que padece de soberbia. Créeme que su prosa es maravillosa y al final leemos para enriquecernos todos, sin importar qué tan empático o no, sea el escritor.

Mariela! Una mexicana en Bucarest, wow! Pues bienvenida y si te animas por leer a Marías, te sorprenderás.

Abrazos!

Rey Mono dijo...

Excelente post, querido Gio, sin embargo la única experiencia que he tenido con Marías, no es, digámoslo así, muy agradable (leí "El siglo", una noveluca que me llenó el alma de bostezos y aversión por sus demás textos). Por supuesto, sé que no debería categorizar a un escritor sólo por una novela, por más mala que sea, pero a veces sí que influye cuando estás caracoleando entre los estantes de una librería.
Tendré que conseguir ésta que recomiendas de manera tan vívida. Y quién sabe, quizá sea una revelación que esperaba sólo el momento preciso...

limoncello dijo...

Marías es una delicia, una delicia densa y gustable para todos aquellos que somos algo neuróticos. Se que en algunos sitios no tiene buena prensa a pesar de ser un autor consagrado en muchos idiomas. En esta España nuestra tan dada a masacrar a los genios o personas meritorias, incomprensiblemente lo adoramos, y en general en el mundillo liteario está en el olimpo de los grandes.

A mi me encanta,pero comprendo que es un tipo de literatura que provoca adeptos o detractores.

ilich dijo...

Que se disfruta más. el libro o el tren¿?

Yo leo en el metro, pero el tren, lo extraño, de chamo mis padres no hacían viajar en tren con cierta frecuencia, me gustaba la sensación.

Un saludo

Evan dijo...

No conozco el libro, pero con tu descripción se hace casi una necesidad leerlo...

Me encantó tu enamoramiento con este libro desde antes de leerlo, esa búsqueda por años que tuvo su encuentro feliz por casualidad. Me pasó algo similar con un libro de Schoo Lastra "Lanza rota" que lo terminé encontrando por internet.

Te dejo un beso!

dull dijo...

Lo confieso, lo confieso....apenas estoy leyendo el libro y aun no llego ni a la mitad.

amigo, ya esta listo el circo en mi blog!

saludos!

Gio Yakún dijo...

Rey Mono: No he leído "El siglo" aunque puedo imaginarlo pues Marías peca de retórico. Si bien eso me encantó por las disertaciones que narra, imagino que puede llegar a ser un plomo. Te recomiendo conseguir el libro y leerlo, pero es mejor si estás en el momento de leer un libro reflexivo más que uno activo. Ya me dirás!!

Limoncello: de acuerdo contigo. yo apenas me voy dando cuenta que tiene sus detractores. Para mi era relativamente desconocido hasta ese momento de la discusión con mi colega...

Ilich: diste en el clavo. Leerlo fue toda una odisea, pero tenía mucho que ver el contexto, el tren, el viaje, y lo que yo estaba viviendo emocionalmente en aquel momento. A veces quiero separar la parte emocional, pero es indiscutible que ese libro representa más de lo que está escrito...

Evan: siempre me echas porras (lo cual agradezco y no creo merecerlas), pero sí, el momento del descubrimiento fue verdaderamente inenarrable... Ahora yo deberé buscar "Lanza Rota" (muy bien ahora que ando escaso de recomendaciones...)

Dull: Amigo, caramba, debo darte las gracias por publicar tantos artículos en el "Circo del Absurdo" Desde aquí animaré a que visiten tu blog.

Abrazos a todos!!!

Gio.

Evan dijo...

Gío, echar porras es algo bueno, no?? Entendí que sí... :)

Te va a gustar, es un libro antiguo del que siempre hablaba mi abuelo, buscalo no te vas a arrepentir.

Un beso de domingo!

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