Ante la petición de Miss Lane, les relato la anécdota con la que cerré el seminario aquel (un poco antes de los tequilas y del mentado ataque cardíaco).
Hace muchos, muchos años, cuando apenas comenzaba en el espinoso, árido y siempre hostil mundo de la docencia (fonéticamente emparentada con decencia, pero espiritualmente con decadencia), tuve la oportunidad de conocer al Profr. James Heskett de la Harvard Business School, quien ahora andará por los 70 y tantos años de edad.
En aquella ocasión, Jim, como él mismo pide que le llamen, nos estaba contando sobre sus inicios en Harvard, a principios de los años 60. Le habían encargado la responsabilidad de todo un curso y, como era de esperarse, lo había estado preparando durante todo el verano, escogiendo con cuidado los casos de estudio que utilizaría. Es famoso el sistema que utilizan en la mencionada escuela de negocios, que se basa en el diálogo entre todos los participantes y donde el profesor es más un "guía-moderador" de la discusión, a través del análisis de una situación real de negocios.
Para iniciar el programa escogió con cuidado un caso que le parecía excelente: se trataba de la introducción de un nuevo fármaco y había que controlar muchas variables, como la regulación sanitaria, las patentes, la complejidad del canal de distribución, etc., etc., etc. Entusiasmado se dirigió al aula donde ya lo esperaba su jefe, el decano del área académica, quien observaría la sesión para posteriormente darle retroalimentación sobre la misma. Podemos imaginarnos a ese joven Jim, nervioso pero confiado en que se había preparado para cualquier eventualidad: llevaba todos los análisis financieros pertinentes, la estrategia de colocación en el mercado e, incluso, todo el legajo sobre la regulación de tales fármacos.
Los estudiantes del MBA tomaron sus lugares y un poco antes de que Jim pudiera presentarse (era su primera aparición como un profesor), se levantó un joven pulcramente vestido, y lo interpeló así:
"Sr. Heskett, permítame interrumpir antes de comenzar. Soy una persona de profundas y arraigadas convicciones religiosas, como lo es nuestro propio Dean y veo con seria preocupación que hoy pretende hacernos discutir el caso de un nuevo fármaco, bautizado como "píldora anticonceptiva". Por lo que he leído de sus efectos, este medicamento atenta contra la vida misma y se opone a mis creencias más básicas. Me parece un ultraje que usted intente obligarnos a discutir un tema que claramente viola la moral y los principios de nuestra sociedad. No sólo me parece poco ético de su parte, sino incluso ilegal. Si usted insiste en discutir este caso, debo advertirle que iré directamente a la oficina del Dean y pondré una queja contra usted!"
Jim se quedó helado, viendo al joven, aún de pie, sin saber qué contestarle, cuando otro muchacho se levantó de improviso, en la parte posterior del salón.
"Profr. Heskett, perdone pero debo hablar también. Personalmente soy ateo y no me interesa en lo más mínimo las creencias de ese señor de ahí adelante. Soy un firme creyente en la economía de libre mercado y en el modelo que ha hecho triunfar a nuestro país. Por eso me inscribí a la mejor escuela de negocios del mundo: para aprender a hacer negocios y punto. El caso que usted presenta es una excelente oportunidad para lograrlo. Se trata tan sólo de la introducción de un producto nuevo, interesante y con un altísimo potencial de venta, así que la queja de mi compañero me parece exagerada y fuera de lugar. Por ello debo advertirle: si usted cede a las presiones de esta minoría y nos hace perder a los demás la oportunidad de discutir este caso, saldré de inmediato a poner una queja en la Dirección contra usted!"
Jim se quedó atónito y volteó hacia la parte trasera del aula, donde estaba su jefe, quien le sonrió y se reclinó hacia atrás en una clara actitud de: "vamos a ver cómo sales de esta..."
...
En este punto, el Profr. Heskett, ya con 40 años de experiencia académica, hizo una estudiada pausa y le dió un trago al whiskey que tenía enfrente. Sonreía como quien recuerda un evento simpático. Quizá de la forma en la que todos recordamos nuestras tragedias personales, cuando el tiempo las ha ido volviendo más amables.
Y aquí yo aproveché para hilvanar la anécdota con el tema del seminario, que como ya les he comentado, era acerca de la Responsabilidad Social. Les dije que ésta nos pide a cada uno una respuesta directa, igual a la que le pedían sus dos estudiantes a Jim. Hay quien opina que toda la responsabilidad social de una organización termina una vez que se han pagado sus impuestos. Otros sostienen que la empresa debe capacitar a sus empleados. Algunoas más agregan el generar programas de apoyo social. Unos afirman que es buena publicidad. Otros opinan que hacer publicidad con esto es hipócrita y mezquino...
Y existen más visiones, más ideas, más demandas... ¿Cuál es la responsabilidad social pertinente de una empresa financiera como las que quebraron en EEUU? ¿Es un negocio "sano" el vender licor? parece que sí, pues la responsabilidad es del bebedor... ¿y si el negocio es un club nocturno? ¿no deberíamos asegurarnos que quien vaya a conducir el automóvil de regreso no bebiera? ¿no deberíamos saber si la persona en la barra tiene antecedentes de alcoholismo? Si una mujer embarazada sufre violencia intrafamiliar, ¿hasta dónde puede / debe intervenir la empresa, el jefe directo, sus compañeros de trabajo? ¿Es mejor legalizar el comercio de las drogas? Algunos insisten en que sí. Otros en que no. Muchos dudan. ¿Es lícito vender armas? Interrogantes hay muchísimas, pues cada acto de cada persona impacta siempre la vida de alguien más.
No podemos quedarnos callados, pues es un tema que atañe a todos. No sólo a los gobiernos, no sólo a los directores de empresa, sino a cada vendedor, comprador, supervisor de cada organización. Atañe a cada amiga, amigo, compañero, maestro, madre y padre de familia y a toda persona que viva en la misma sociedad que nosotros. A veces queremos evitar el tema, no verlo, no discutirlo, pero en el fondo, lo que hacemos es renunciar a nuestra propia responsabilidad social personal... De ahí lo importante que todos llevemos este debate a nuestras organizaciones y empresas (y, por supuesto, ya metí mi comercial aquí en el blog). Para abordarlo, enfrentarlo y entender las posiciones distintas a la nuestra, buscar alternativas que nos enriquezcan a todos.
...
Y aquí regreso al joven Jim, y a su salón de clases hace casi 5o años, con los dos jóvenes de pie esperando a ver el resultado de la lucha de poder que han iniciado.
Jim preguntó entonces en son de broma si alguien más quería participar. Una joven levantó la mano y dijo que ella sí quería discutir el caso. Otro más apoyó al primer muchacho, pero suavizó la postura, diciendo que podrían discutir suponiendo que el medicamento era algún remedio contra la gripe. Y rápidamente hubo quien censuró esta idea... y comenzó el diálogo. Jim les fue dando la palabra y comenzó a pastorear al grupo sobre una nueva discusión: ya no se trataba de introducir un nuevo fármaco al mercado, sino de dialogar sobre si era lícita la discusión de un caso como ese en una Institución como la HBS. Se perdieron la clase de operaciones, pero ganaron una clase sobre prudencia, tolerancia y diálogo en temas delicados. Renunciaron a un conocimiento operativo pero obtuvieron algo más grande.
Aquí, y con una pequeña fórmula de despedida, me gané mi aplauso (para mi ego, of course). Y de ahí nos fuimos a la fiesta.
Pero lo que no conté, es que hace 10 años, cuando conocí a Jim y terminó esa parte del relato, ahí comenzó nuestro diálogo y estuvimos una hora conversando sobre lo que sucede en los grupos cuando se levanta así la polémica y la manera en que debe abordarse. Fue una charla memorable en muchos sentidos.
Al final, Jim nos confió que en fechas más recientes, otro par de alumnos, que sin duda habían escuchado la anécdota original, quisieron repetirla en una sesión sobre la privacidad en Internet.
- ¿Y qué hiciste Jim? ¿volviste a cambiar la sesión?
- ¡Ja ja! claro que no. Los corrí de la clase y les dije que me saludaran al Director...
11 comentarios:
Me viene bien este post porque precisamente llevo un mes hablando de temas polémicos que me importan mucho personalmente. Sin embargo, sé que la mayoría de mis enlaces no están de acuerdo conmigo y no tengo intención de ofenderles. No puedo quedarme callada ante temas tan importantes, pero hago un gran esfuerzo para enfocarlos fríamente. Yo sólo soy una aficionada. Me vendrían bien unas clases. Un beso.
Me ha encantado eso de que unos años después y ante la misma situación, les mandara fuera con saludos al dire... genial...
Saludos desde este lado del océano...
gracias!! GRACIAS!!! que importante me siento que ha decidido darme gusto y salir de la duda de tan genial anécdota....
Imagino que dar clases debe de ser complicado, pero mucho más cuando todos los alumnos se sienten poseedores de un IQ digno de envidia... y ya me imagino que sortear esas situaciones debe de ser una mezcla de "colmillo", paciencia, habilidad mental y hasta suerte.
Gio, tiene sin duda todas esas y muchas más y el aplauso estuvo muy merecido, porque una anécdota es buena o mala, dependiendo de como nos la cuenten y como la hagan encajar en el contexto. Felicidades!!!!
Y coincido con Merce.... correrlos con saludos al director fue ENORME!!!! CLAP, CLAP, CLAP.... de verdad que hay niveles, eh?
Besito...
Pasando a otro tema, no sé porqué, si entro a tu blog, no me despliega este texto, de hecho sólo pude llegar a él a traves de una liga directa desde mi blog, pero entrando a la página principal, me sigue despleganod el post anterior.... Soy sólo yo? a lo mejor hay un tema de configuración?
bye, bye
Profesor Gío, aquí saludándolo, leyéndolo y disfrutándolo.
Debatir sin discutir si es posible y aceptando los distintos puntos de vista termina siendo constructivo y puede que termines desviándote del tema, como lo hizo el profesor Jim, pero, terminas ganado otro tipo de conocimiento.
Buenísima tu anécdota querido Gío!
Un besito!
Imagínate si las empresas (esos seres sin rostro) se preocuparan por las consecuencias físicas y morales que pueden producir con cada producto o servicio que distribuyen entre la sociedad: les sería imposible entregarse a esa tarea que con tanto placer desempeñan: ganar dinero, y por supuesto, ganar más dinero. Serían como conciencias ambulantes de esa misma sociedad, y señalarían con dedo trémulo de ira cada que alguien se saliera un poco de las veredas correctas. Las ciudades serían interminables parvularios, y quizá cada quien cuidaría que su propio vecino no infringiera ni siquiera la regla más pequeñita, ésa que casi nadie ve.
Imágenes todas estas tal vez más escalofriantes que la misma realidad. O quizá no.
Gio, gio... sus ojitos dirija a mi blog, que le he escrito su calaverita....
CIAO
Susana: Pues me da gusto que el post te de ideas para los temas que tocas. Curiosamente en muchos de ellos yo comparto tu opinión. En otros no, pero creo que tratas de exponer tus puntos de vista con delicadeza y eso siempre cuenta.
Merce: ¡Sí! fue genial la última parte.
Miss Lane: Por supuesto que la tomamos en cuenta. No lo dude. Y, por cierto, ya visité su calaverita en Interné. Genial!!!!
Rowena: Me da gusto verla por aquí! (y más si es una visita disfrutable). Algún día coincidiremos...
Evan: Efectivamente, debatir no es discutir y a veces lo olvidamos. Lo importante es creer que la otra persona tiene algo que aportarme aunque sea distinto de lo que yo creo.
Rey Mono: Jajaja! muy buen ejercicio (aunque algo siniestro). Llevado al extremo, una sociedad "enteramente" preocupada por la actuación de los demás sería horriblmente intrusiva, pero por el otro, una sociedad completamente desinteresada en lo social, terminó en el comunismo. Al final, lo importante no es convertirse en "el del dedo acusador" sino ser capaces de generar "algo" y pensar al mismo tiempo en los demás...
Abrazos (siempre centrífugos!)
Intenté pensar en todo lo que quería comentar al respecto, pero después me di cuenta de que todo se podía resumir en un: Jaja me encanta!
Tal vez en parte porque estoy adormilada... no lo sé, no lo sé. El Frutsi es agua pintada, ¿has intentado pedirla así alguna vez en una tienda? Yo lo hice un dia "Me da un agua pintada de anaranjado?" mientras señalaba el frutsi y se rio de mi el muchacho.
Jajaja recordé una cita de Twain, donde dice que las cárceles son menos crueles que las escuelas de letras. Porque al menos los carceleros no ponen a los encerrados a leer lo que escriben jaja.
Sie, me casaré con la letra I!! Awwww.
Un saludote desde saturno!
¡Hola Do! (x duplicado...)
Pues qué bueno que te gustó la anécdota. En lo particular fui fan de los frutsis hace mucho tiempo, pero gracias al Cielo, en cuanto pude probar el alcohol, me fue innecesario seguir perdiendo el tiempo con el agüita coloreada... (supongo que otro equivalente sería la nueva leche "deslactosada, descremada, light"...
Y la cita de Twain, ¡genial!
Abrazos!
P.S. Pues suerte con la I. Se ve una buena letra...
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