jueves, 19 de junio de 2008

Mi vida está en tus manos

Foto: Holger Pooten
Es una frase fuerte. Fuertísima. Y sin embargo, lo hacemos todo el tiempo.

El ejemplo más obvio es cuando entras al quirófano. Mientras el anestesista prepara la solución a inyectarte y te dice "va a sentir un pequeño piquete", tu mente se concentra en que tú despertarás de la anestesia. A mi me han operado un par de veces, pero nunca de algo "de vida o muerte", sin embargo he sabido de muchos casos que en la anestesia, mueren. Es imposible no sentir nerviosismo cuando escuchas esas palabras y sabes que a continuación viene la inconsciencia.

Y qué decir cuando la intervención quirúrgica es de suyo peligrosa. Tu vida está en manos de mucha gente: no sólo del anestesista, sino del galeno en jefe, quien pondrá su bisturí en tu interior, arreglará algo y luego les dirá a los ayudantes: "suturen". Y por supuesto también estás en manos de quienes te operan y de las enfermeras que de olvidar un pequeño algodón en tu interior, lleno de sangre, te costaría la vida.

Otro ejemplo, más cotidiano quizá, sucede cuando abordas un avión. Literalmente pones tu vida en manos del piloto. Yo tomo un avión cada semana. La mayor parte de las veces son vuelos cortos, de alrededor de una hora. Ocasionalmente debo viajar más lejos. Y sé que mi vida está en manos de alguien más, de que esté emocionalmente equilibrado ese día, que su propia salud no lo traicione... y de que el equipo de gente a su alrededor también funcione, pues tu vida también depende del copiloto. Y de los operadores de la Torre de Control del aeropuerto. Un error en cualquiera de ellos, puede costarte la vida a ti y a los demás pasajeros. Cada vez que abordas el avión estás depositando tu confianza en que toda esa gente realizará su trabajo de manera cabal y correcta... y también depositas tu fé en que todos los posibles imprevistos fatales ocurran en alguna otra ocasión, pero no a ti.

Existen situaciones raras, por ejemplo cuando comes aquel famoso pez japonés que tiene prohibido la familia imperial. Me parece que es el "pez globo". Si lo cortan mal, libera un veneno que te mata rápidamente mientras comes. Y es un platillo muy apreciado en Japón. Es una especie de "ruleta rusa" en la que has puesto tu vida en manos del cocinero encargado de rebanar los filetes del pescado. También cuando te subes a un juego de feria en algún parque. Nunca te das cuenta, pero tu vida depende del mecánico que le ha dado mantenimiento. O, por ejemplo, cuando te arrojas del Bungee Jump.

Pero no todo el mundo se arroja desde las alturas sujeto a una cuerda elástica. Más bien son pocos. Y poca gente en realidad incluye en su dieta cotidiana el pez venenoso japonés. Aunque más personas viajan en avión, tampoco su número sería tan significativo... Y no todos experimentan una operación delicada, sino hasta edades avanzadas.

Y sin embargo, también nuestra vida se expone, aunque no hagamos nada de eso. La exponemos cuando tomamos nuestro asiento en el Taxi. El conductor tiene nuestra vida en sus manos. Y si somos nosotros los que manejamos, de una manera tenemos nuestra vida en nuestras propias manos... y las de los demás conductores.

También al amar se pone la propia vida en manos de otra persona. Pues la vida no sólo son mis latidos del corazón sino el por qué han latido. No sólo es el aire que respiro, sino toda mi historia, mis recuerdos, mis añoranzas, mis anhelos. Quizá por eso es tan común relacionar la muerte con el amor: "Muero por verte". "Muero por estar a tu lado". "Me siento morir cuando me dejas"... y con la falta de amor. "Mi vida sin ti no es vida". "Sin ti me muero". Al principio morimos por estar junto al amado. Nos mata su ausencia y su desamor. Con el tiempo comienza a matarnos la rutina a su lado. Al final en las rupturas, nos sentimos muertos en vida al permanecer con quien no nos ama. Por que a veces esa falta de amor se traduce en una destrucción paulatina de lo que nosotros somos. De ahí el que sea mejor "huir" de las relaciones tóxicas. Es un acto de supervivencia.

Cuando amamos, ponemos nuestra vida en manos de la otra persona. A veces esta persona en verdad nos hace sentir que tiene nuestra existencia en su poder. La estrujan entre sus manos, la trituran como a veces aplastamos los limones entre nuestros dedos. Y luego nos tiran casualmente a un lado, para seguir con sus propias vidas. Otras personas reciben nuestra vida y la atesoran, la cuidan y la protegen... pero nos arropan tanto, nos protegen tanto, que nos asfixian. Nos controlan. Nos someten. Nos matan... Otras personas quizá desprecien la vida que les ofrezco y a pesar de eso, al final acaban con ella. O precisamente por no querer tomarla, la rompen.

Por eso, cuando alguien te ofrece su amor, hay que saber entender lo que nos está dando y también nosotros debemos reflexionar sobre lo que entregamos al amar. Nos entregamos a nosotros mismos, nos rendimos, nos dejamos vencer y, al mismo tiempo, recibimos.

Sólo cuando se ama a alguien se puede "entregar la vida" al otro. Poner nuestra vida en sus manos es confiar en esa persona. Poner nuestra vida en sus manos, por amor, es la mejor de las apuestas, pero también la más riesgosa. Le apuestas a que tu vida sea más rica, más feliz, más vida, pero puedes perder tu vida en el intento. Por eso mismo es la apuesta más valiosa...

Y hace mucho tiempo que yo quiero ser capaz de hacer eso. Poder poner mi vida en manos de quien amo.

8 comentarios:

Evan dijo...

Solo cuando se ama se puede poner la vida en manos de el otro.

Lo que rescato de este post es justamente el último párrafo, habla de alguien sensible y deja que conozcamos un pedacito tuyo... :)

Un besito!

susana dijo...

Esa es realmente la única manera de que funcione la relación: entregarse en cuerpo y alma a la otra persona, y claro que es arriesgado, pero si sale bien merece la pena. Yo pienso mucho también en la cantidad de veces que tenemos la vida en nuestras manos o las de otras personas.
Me gusta mucho el post. Un beso.

Ulysses dijo...

Para obtener mas altas recompensas, hay que arriesgarse mas. Lo mismo pasa con el amor.

Saludos

Ana dijo...

Te devuelvo la visita y te añado a mi blog, el tuyo me ha encantado.

Un beso.

Centrífugo dijo...

Ulysses: En efecto, el riesgo eleva las apuestas, pero también las recompensas.

Ana: ¡Bienvenida! Gracias por la visita.

Abrazos Centrífugos!

Fantômas dijo...

Buen blog che! Te invito a darte una vuelta por el mío, creo que te puede llegar a interesar por las cosas que veo que posteás. También podemos intercambiar enlaces si tenés ganas.

fantasmavelez.blogspot.com
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Un abrazo.

Centrífugo dijo...

¡Hola Matizz! pues acabo de escribir un nuevo post y, de alguna forma, creo que sincronicé con lo que escribes. A veces alguien nos ofrece amor y en realidad no sabemos lo que está dando... Es una apuesta arriesgada y, a veces, se pierde todo...

Fantomas: Bienvenido, gracias por pasar. Ya visité tu blog. Muy interesantes las reseñas de los álbumes.

Abrazos Centrífugos!

Matizz dijo...

Y al final quien aprende a "confiar" quien entiende la entrega por encima del brindar, quien aprende a sentir el AMOR y que eso no significa un concepto de pertenencia permanente sino de que un constante sentimiento se vierte en acciones y actitudes es cuando es libre y se es libre al amar.

Por eso cuando alguien nos ofrece su amor uno piensa si estamos en el mismo canal ...

es acaso que no todos sabemos que es ??

Confío y me proyecto con tus letras, se amar, confío y estoy en la mejor apuesta intentandolo.

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