domingo, 31 de enero de 2010

Torito


El jueves pasado fui a cenar con un grupo de amigos a uno de mis restaurantes favoritos: el "Mánkora" (antes "Segundo Muelle"), de comida peruana, excelente. Tras los tradicionales "Pisco Sour" de rigor, cenamos delicioso y departimos con tres botellas de vino tinto de Ribera del Duero. Nos despedimos todos muy cabales a eso de la una de la madrugada para emprender cada quien el retorno a su respectivo hogar.

A menos de un minuto de llegar a mi depa, encuentro la avenida completamente cerrada y varias patrullas con una gran ambulancia, deteniendo la circulación. No era un accidente, afortunadamente, sin embargo, resultaría bastante peor para mi: era el operativo denominado "alcoholímetro" que funciona en la ciudad desde hace unos años y durante el cual, a ciertas horas de la noche, de jueves a domingo, se detiene a los automovilistas y se les mide el nivel de alcohol en el aliento. De más está decir que rebasé el límite permitido... (por 3 centésimas, lo cual no es precisamente una cifra feliz).

La pena, infortunadamente inconmutable, es de 20 horas de arresto, así que viví el kafkiano proceso de detención en una delegación (equivalente de oficina municipal dentro de la ciudad). Estuve en una celda preventina de las 2 am a las 6 am, hora en que fuimos trasladados todos los infractores hacia unas instalaciones tristemente célebres en México, conocidas como "El Torito", donde pasaría el viernes completo, hasta las 10 de la noche.

Debo confesar que desde el momento en que el dichoso aparatito me señaló que tenía 0.43 ml de OH en el aliento, cuando el máximo permitido es de 0.40, me embargó una extraña mezcla de sentimientos. Por supuesto estaban el miedo y la frustración. (Jamás había tenido la peculiar fortuna de visitar una celda. Mucho menos a manera de inquilino). Sin embargo también me entró una gran curiosidad por conocer aquellas instalaciones y a todos los que seguiríamos el proceso esa noche.

Durante las primeras horas me debatía entre la incredulidad, el enojo, la frustración... y también una curiosa emoción. Me acordé de la película "Crash", cuando al inicio, el policía en su monólogo habla de como en la gente en L.A. se ha olvidado de "sentir", siempre encerrados detrás de vidrios y acero... y por eso chocan entre sí, para recordarse que son humanos...

Las peores horas fueron las primeras. Después de los sucesivos diálogos con el secretario que toma la declaración, el médico de guardia y la señorita juez (cada uno de los cuales harían parecer a Bretón como un escritor costumbrista), fui escoltado a una de las celdas que tienen preparadas al efecto para el alojamiento temporal de todos cuantos vamos siendo detenidos durante la noche. Es interesante que los tres representantes de la ley con quienes me entrevisté me manifestaron de manera individual el que "me veían en muy buen estado", pero que dada la lectura previa del aparatín con el que se mide el nivel de alcohol, "no había nada que hacer" (lo cual viene a demostrar de manera indiscutible el triunfo del positivismo cientificista en nuestra sociedad: el criterio humano se supedita a la máquina).

Por supuesto estaba completamente "overdressed" para la ocasión. Las mentadas celdas preventivas son cuartos de cemento desnudo, con una plancha a todo lo largo de la pared posterior, a manera de banca. Están situadas hacia el exterior del edificio, con lo cual el frio nocturno permite una sana reflexión sobre los pecados cometidos y aleja todo mal pensamiento de la cabeza.

Mis compañeros de celda eran un gerente de tienda departamental, un vendedor de seguros y un joven de apariencia hip-hopera, del cual fue imposible obtener mayor información debido al semi-desmayo que le produjo el exceso de ingesta etílica. El gerente era el más asustado de todos, un hombre de unos cincuenta años de edad y que anticipaba la inevitable pérdida de su empleo, tan pronto se supiera su situación. El vendedor de seguros y su servidor guardamos un prudente mutismo, evaluando la situación.

Todos intentamos dormir un rato, aunque el contexto no era el más apropiado. El frío, la molesta iluminación de luz neón, los gritos y desplantes de testosterona alcoholizada en las celdas vecinas y las constantes angustias del gerente eran poderosos distractores para el vendedor de seguros y para mi. (El joven hubiera permanecido semi-inconsciente así hubieramos estado en el centro de una "estampida de elefantes seguidos de una pequeña cebra" - Bugs Bunny dixit).

A las seis de la mañana los guardias nos llevaron a todos los capturados al exterior, para transportarnos en una simpática camioneta pick-up (sin toldo, por supuesto) hacia aquellas tenebrosas instalaciones: "El Torito". Para ese momento los guardias habían decidido por alguna extraña razón, que yo merecía un trato distinto y me ofrecieron llevarme en el interior de una patrulla (aún no sé si fue producto de mi carisma, de mi buen gusto para vestir, o sencillamente me tuvieron lástima). Después de un trayecto de media hora por una ciudad que va despertando, llegamos a una de esas zonas de la ciudad que son un cliché del tan laureado "nuevo cine mexicano" (para adquirir cierta dignidad en los festivales de cine europeo, lamentablemente).

El "Torito", por fuera parece una enorme bodega. Y por dentro tiene toda la apariencia de una escuela primaria a la que le han sustituido las puertas y ventanas por barrotes. Sigo sin saber el origen de tal nombre pues no tiene ninguna relación con la ubicación, las calles, la apariencia, o las actividades del lugar... (más de alguno supuso que se referían a conocida escena de la época de oro del cine mexicano, pero no hubo manera de conectar satisfactoriamente ambas realidades). Mis demás compañeros, despeinados y azulados por el frio, no ofrecían un buen aspecto, mientras los custodios, en uniformes paramilitares negros, nos explicaban las reglas de funcionamiento de nuestro obligado "resort" por las horas subsiguientes. Acto seguido fuimos acompañados hacia las lujosas habitaciones. (Créanme: comparadas con las celdas preventinas, las instalaciones del Torito son lujosas). Nos acomodamos en grupos de seis u ocho por celda y así pasamos el tiempo hasta las 8:00 am, tiempo en el cual fuimos a depositar nuestros valores en las cajas de seguridad del Resort... o bueno, algo similar.

Existe una variedad de actividades programadas que permiten aligerar la espera: las tradicionales horas de paseo en el patio (donde se hicieron los típicos grupitos que se nos muestran en las series de televisión sobre las prisiones), las horas culturales en las que podíamos presenciar una película (y no, no era "Avatar"), o ir a leer a la biblioteca (aunque el material disponible no era precisamente atractivo), y también hubo una pseudo-misa, combinada con un mensaje propositivo a favor de superar el alcoholismo.

La parte más sorpresiva de la mañana fue la visita al médico del lugar, (galeno cuyo trabajo debe de tenerlo sumido en una profunda depresión, pues su concepto de elaboración de historia clínica del visitante se limita a inquirir la existencia de moretones o raspones). La sorpresa fue la aparición de las mujeres detenidas. Oh, sí. También las hay y en grandes cantidades.

La mayoría de las detenidas, denotaban un perfil socioeconómico alto. Había varias uniformadas de ejecutivas, alguna incluso con sus Louboutin bien calzados. Otras, más jovencitas, se enfundaban en gruesas prendas (seguramente suministradas por sus padres al momento de enterarse de la detención de sus crías), para cubrir sus vaporosos atuendos de "antro". Una incluso fue bautizada como la "Caperucita", por el rojo encendido de su sudadera (y, como diría algún otro espectador de la escena: por la sutil mezcla de "carita de niña", con "mirada de loba", que comprendía el juvenil rostro).

De cualquier forma, el número de detenidos masculinos triplicaba al de las féminas, y la diversidad de estratos sociales era también mucho más amplia, lo cual no contribuía a hacerles la experiencia nada amable a las mujeres. Algunos de los universitarios, en un asombroso (y lamentable) desplante de insensibilidad masculina, decidieron que era un buen momento para intentar "ligarlas"... Para mis adentros pensaba que si para mi el tema había significado toda una mezcla de emociones, para ellas debería haber sido extraordinariamente pesado.

Las mujeres son alojadas en una ala separada de las mismas instalaciones y sólo nos cruzaríamos nuevamente con ellas cuando, todos gozando de unas horas de sol en el patio, las llevaron a la "tiendita" a que compraran cigarros, refrescos, aguas o "sopas Maruchan"... sí, con un surrealista tono de patio de escuela primaria. Durante ese momento algunos otros de mis accidentales compañeros de desgracia, quizá impresionados por el buen aspecto de varias de ellas, o sobre-confiados en sus capacidades donjuanescas, persistieron en su intento por obtener un teléfono y una cita posteriores.

Me divertía mucho la evidente falta de empatía social de algunos de mis congéneres. Aunque, como alguno de ellos me comentó a manera de disculpa: "al menos compartimos algo en común"... a lo cual le respondí que sería muy interesante escuchar la respuesta que daría cuando, dentro de algunos años, los hijos que tuvieran él y la hipotética prisionera cautivada por su labia, preguntaran a sus padres: "¡Dígannos cómo se conocieron!"...

Después de pensarlo, otro respondió: "Les diría que nos conocimos en la tiendita, en el patio de la escuela"... La carcajada de todos me hizo reflexionar en cómo lo que verdaderamente nos hermana no son las vivencias, sino las emociones.

Como mencioné antes, la diversidad socioeconómica era amplísima y fue posible percibirla en plenitud durante esas horas de patio mañanero. Estaban los jóvenes tipo "pandilla suburbana" con tatuajes y demás parafernalia que caracteriza dichas tribus, atrapados por consumir mariguana, inhalar thiner y otras cosas similares. Sentados todos juntos, con sonrisas nerviosas y miradas que revelaban más temor que otra cosa. Estaba luego el nutrido grupo de universitarios, quienes eran los que en general presentaban los mayores estragos por culpa del alcohol. Sin embargo, también parecían los más divertidos con la situación.

Por otro lado deambulaban también los oficinistas de edad mediana, y aspecto gastado, con trajes color café, miradas tristes y cuerpos ovoidales, quienes evidentemente eran los que más padecían el encierro. Por último estaba el grupo "trendy", vistiendo trajes y camisas impecables, accesorios de marca y evidentes modales de mundo. Despreciando su cautiverio como si fuera un molesto retraso a sus actividades (por cierto que la mayoría de los trajeados eran abogados, situación que me puso a pensar sobre esta relación del alcohol y las leyes). Lo fascinante fue ver cómo al paso de las horas los temerosos, los risueños, los preocupados y los molestos fuimos todos relajándonos hasta convertirnos en un grupo homogéneo que bromeaba sobre la calidad del buffet, la infame película, el color verde pistache del patio, etc.

Y eso precisamente me dió mucho gusto. Y no sólo a mi. A todos nos llamó positivamente la atención que durante todo el proceso no se hicieron distinciones y nadie aceptó jamás mordidas ni cohechos. Ricos y pobres, todos tuvimos el mismo trato y la misma condena. La atención de los custodios durante todo el tiempo fue amable y educada, aunque firme. Igualmente, los inquilinos nos mostramos todo el tiempo cooperativos y pacíficos. Salvo uno de los pandilleros (quien además hacía gala de ser un "cliente frecuente" del Resort) que en algún momento decidió probar suerte como "macho alfa" y envalentonado, retó a los guardias... Su inútil acto (inútil pues, si pensaba en incrementar su puntaje sexual, al menos debió haber esperado a que hubiera féminas en el patio) le ganó el que lo sometieran (de manera no muy amorosa, debo puntualizar) y lo guardaran en una celda verdaderamente infrahumana.

Al final todos estábamos de acuerdo en que estos operativos en realidad fucionan. Había dos o tres jóvenes universitarios en un estado verdaderamente lamentable. Era seguro que de no haberlos detenido aquella noche, habrían terminado por escenificar alguna tragedia automovilística.

Perder 20 horas de nuestra vida, a todos nos hizo reflexionar sobre lo sencillo que hubiera sido llamar a un taxi y dejar nuestros autos estacionados en vez de arriesgarnos o arriesgar a terceros. Y con unas cuantas llamadas, era posible aplazar todo para la siguiente semana. En mi trabajo puse de pretexto una situación gastrointestinal fulminante. No había nada realmente urgente que reclamara mi atención afuera. Finalmente, a la única persona a la que le avisé con la verdad fue a mi Ex, pues no podría pasar por mi hija para llevarla a la escuela. Mis descripciones de la situación la divirtieron mucho, pero su gran carcajada fue cuando le pedí que le dijera a nuestra niña que "su padre le mandaba un beso desde la prisión".

Al salir, el dependiente de la "tiendita" nos acompañó por nuestras pertenencias, no por educación, sino para poder cobrar lo consumido durante nuestra estancia. Fue algo parecido a un "late check-out". El chofer del radio-taxi que me condujo de regreso a casa, me comentó lo frecuente que les solicitaban recoger a alguien de ahí. Al día siguiente, sábado, me dí a la tarea de ir a recoger mi vehículo, lo cual fue en sí misma otra aventura. Y así terminó la odisea.

Estoy convencido que ha sido una de las mejores anécdotas para la celebración de mi cuarta década. Conocí gente muy interesante (aunque también coincidimos en que, de encontrarnos algún día, difícilmente comentaremos el contexto en el cual nos conocimos), pero sobretodo, aprendí mucho también de mi mismo. Podría intentar convencerlos de que mi interés era puramente académico, pero sé que se reirían de mi patetismo. No me lo esperaba, no deseo repetirla y no le deseo la vivencia a nadie en lo absoluto... Sin embargo también la siento gratamente memorable.

Esta vida es demasiado breve para no apreciar y gozar cada día, sea cual fuere el lugar, la forma o el contexto en el que lo vivamos...

G.

P.S. Y, por supuesto: "Si toman, por favor, no manejen". No es broma. De verdad.

20 comentarios:

Jo dijo...

esta es una de las mejores anecdotas y crònicas sobre sistemas penitenciaros correctivos y demàs alardes quese le puedan añadir en adjetivo a causa de el alcohol o lo que derive


o debo decir destile?
jajajaja


... creo que me haz brindado un panorama amplio incluso sobre semiotica de la imagen, sub culturas, contra culturas, inframundos y demas ismos jajajaja


jajajaja

tu eres elocuente! lo bueno es que no estabas ebriooo porque te acuerdas de todo

Srta. Maquiavélica dijo...

wowoww me dejaste boquiabierta con tu aventura en el torito jeje, a mi tambien me llama la atención pero no creo aguantar tantas horas ahi encerradas o al menos q las compañeras de celda sepan de cine para parlar toda la noche ahh y cierto se nota q estaba jarra( q no inventen se pasan , lo cuentas tan bien q eso no es ser ebrio,maldito ebrad jajaa)si con miniscula jajaa
besos ya qui ando de metiche y feliz cumple wow 40 años? festejando en el torito??merece contarsela a tus nietos ajja

Encarni dijo...

Después de esto tendríamos que gritarte aquello de 'torero' 'torero', porque lo cierto es que no tendrá nada que ver el lugar con el nombre de 'Torito', pero nos lo has contado de una manera... que haciendo simil taurino has manejado muy bien la capota,y sin traje de luces has toreado muy bien la situación, por eso saco el pañuelo para que te den las orejas y el rabo o que te saquen a hombros (pero sin alcohol) eh? ;)

Y es que tu subconsciente deseaba celebrar de una manera diferente el cumple y te ha dado el motivo y la ocasión.

Venga un abrazo.

El Gaucho Santillán dijo...

Fuiste en cana!! Hermano!!

Bueno, ahora ya sabès, que cuando tomàs, no manejès.

(o no vayas por las avenidas, que ahì està la cana!!)

(Principiante)

María dijo...

Vaya! Nunca he tenido la "fortuna" de ir a algún sitio así, aunque me han contado de historias similares. Claro que se escucha muy bien tu escenario. En la que me contaron, el baño estaba junto al centro del "salón" frente a todos, si te daban ganas tenías que aventártela de aguilita jaja. En tu relato y en la experiencia de otros, lo más prudente fue conservar la calma, escuchar a los demás, al final igual, todo mundo termina haciendo "amigos" ante tal complicidad. Fuera de todo el "estudio social" y de la experiencia, afortunadamente saliste de una pieza, con tu coche y tus pertenencias completas. En otro estado de la República, podrían haberte hecho perdedizo el coche o alguna cosa, Y ahí sí, alégale al "ampayer" jeje.
Un saludo G :D

Jean Paul Fiction dijo...

WOW! Sería usted Master George la última persona de la que esperaría una entrada asi. Pero aunque lamento que haya pasado por esa situación, estoy seguro que no ameritaba tanto.

Me encanto la entrada. Sobretodo la parte donde menciona la posible explicación futura de una pareja que se conocio "tras las rejas". Igual, algun toque romantico tipo Bonye y Clyde se le atañe.

Lo que si me sorprende muchisimo es el trato y la manera de como se convivio ahi. Nosotros en provincia tendemos a imaginar la carcel casí como un campo de concentración. Y temo decir, que en muchos casos, no es nada mejor que eso. Luego entocnes si alguién nos habla de un centro de detención en el DF, -sobre todo con algun apodo popular como "EL Torito".- inmediatamente nos remite al imaginativo del "Castillo Negro" o alguna especie de visión cinematográfica obscura, como lo menciona.

Lo que usted describe es una carcel sumamente decente. Y "decente" digo, por que ninguna libertad civil fue golpeada -de menos en su relato- y aunque es feo que le paso eso a usted, como asumo nos puede pasar a todos. Concuerdo con la idea de que si es necesario.

Aquí en Uruapan, el número de accidentes por manejar en mal estado si alcanzó una cifra record hace unos años (Mala fama que tenemos ya por cifras record)

Pero bueno, la cosa es que ya pasó y le agradezco que nos la haya compartido. Ya es surrealista desde el momento de leer algo asi en este blog

un abrazo y un café. (pa la cruda, no se crea Master,jejeje).

€$T0P€$ dijo...

Yo hubiera aceptado gustosa estar en el torito, hace como 20 días, cuando estuvo Ari Borovoy jajajaja.
Definitivamente, si el antro no es lugar para conseguir marido...creo que el torito es aún peor.

De todas mis conocidas, sólo una ha ido a dar allá...y es que yo por ejemplo tengo semi prohibido sacar el coche en las noches. No precisamente por ser muy sobria....

Ni modo, dicen que el torito es buen lugar para hacer conexiones y negocios. ¿Es cierto?

Mónica dijo...

Estimado Georgells,

Me causo mucha gracia, bueno no, me dio mucha risa todo lo que relatas. JAJAJA!

Porsupuesto que no me rio de ti, sino la manera en que lo cuentas. Este tipo de textos merecen un aplauso de pie mi estimado. Primeramente por la gracia, luego por el orden detallado de los eventos, y para finalizar con la moraleja, lo que te ha dejado y como te cambio la perspectiva de muchas cosas.

Que bueno que saliste ileso de tal aventura. Principalmente cuando uno esta en una situacion tal, es importantisimo tener la actitud que tu tuviste. La calma ante todo, y tomarlo como una experiencia de aprendizage. Veo que puliste tus habilidades de observacion como buen psicologo y sociologo.

Apenas comienzas los cuarenta y ya con este tipo de aventuras!

Felicidades por la entrada.

Abrazo de castañuelas en el mar.

Steki dijo...

Vaya peripecia la tuya. Y tan bien narrada, jaja. Pobre. Pero velo del lado amable: no querrás que te pase más así que cuando tomes, que maneje otro o te subes a un taxi.
Beso grande y buena semana!

Georgells dijo...

Hola Jo! Gracias por las flores. En realidad, quizá para otros fue mucho más desagradable, pero yo decidí hacer inmersión en mi predicamento y divertirme... y lo logré!

Bienvenida Srita Maquiavélica! en verdad que fue algo interesante. No sé si lo contaré a mi hija, aunque seguro sí a mis nietos. Así es esto de las brechas generacionales. Creo que estuvo bien que me encerraran (haciendo uso de memoria, sí estaba bastante más mareado cuando me aplicaron la prueba). Lo importante es que: no es mortal, no es terrible y uno sí puede aprender.

Hola Encarni! ¡Me sonrojas! eso de llevarme "orejas y rabo" ni en mis mejores sueños, pero sí intenté hacerlo ameno para quien llegue a leer esto. Y de acuerdo contigo: ha sido una gran manera de festejar mis 40... un poco "diferente"... jeje.

Mi querido Gaucho!!! aún te debo cumplir la recomendación aquella de despertar desnudo... aunque si bien esta tenía tintes parecidos, en la imagen mental que me había formado, el resto de mis acompañantes eran todas mujeres!!! (situación que NO se cumplió en la vida real, ni hablar!)

Hola Maria! pues no conté nada del baño por pudor y por delicadeza con el respetable. No está en el centro de ningún salón, de hecho hay varios, pero es verdad que ninguno de los habitáculos tiene puerta, para evitar la "privacidad". Situación que, por cierto, no creo que ningún hombre encuentre "ajena" si alguna vez ha practicado deportes de conjunto... los baños suelen ser todo menos "privados" (y sin dobles sentidos ¿eh?)

Mi queridísimo Jean Paul!!! jajaja, pues ya ve usted que hasta los "Masters" tenemos nuestras debilidades y la mía ha quedado expuesta (lo cual no hace sino comprobar que soy innegablemente humano, por cierto). Es verdad que yo también encontré la experiencia bastante amigable. Creo que el conjunto de los presos es lo que lo hace así. De cualquier forma, no es para repetirla!

Estopes!!! jajajaja! puedo imaginarte perfecto presentándote en la puerta el día que estuvo Ari, diciendo: "Vengo a entregarme. ¡Soy culpable!!!", jejeje. Una cosa es cierta: es un excelente sitio para hacer relaciones de negocios entre hombres. No supe nada de lo que pasó con las mujeres, pero de buena fuente sé que su área es más parecida al infierno que la de los varones... y por culpa de las inquilinas, no de las custodias... así que hace bien en permanecer alejada de tales sitios!!!

Hola Mónica! jejeje, gracias por las flores. Esperaba lograr que fuera ameno a pesar de lo largo. Y sin duda, aprendí a no combinar alcohol y volante (si bien ya estoy grandecito para ello, nunca es tarde para aprender la lección!) Y me encantó aquello de que "apenas cumpliendo los 40 y..." sí, así es... jeje!

Abrazos!

G.

Georgells dijo...

Hola Steki! jeje, en verdad que la vida hay que tomársela con humor y curiosidad. Como lo hacen los niños. De lo contrario corres el riesgo que los demás se den cuenta de que has envejecido!

Abrazo!

G.

...flor deshilvanada dijo...

Si tomás, no manejes... ;)

Uya, pobre Gio, ay se me escapa, estoy acostumbrada a decirte así.

Este no es un relato más, me pareció que estaba ahi con vos en esa celda, fue tan vívido lo que escribiste que hasta las imágenes creaste en nuestra mente.

No voy a decir que aprendiste una lección, aunque si creo que la próxima vez que salgas serás más cauto con el tintillo :P

Besitos G!!

marichuy dijo...

Ay mi estimado Georgells

Me admira e infunde respeto, la forma tan filosófica en cómo has tomado esta experiencia. Sabes? Ni siquiera sabía el límite de alcohol permitido antes de que el alcoholímetro nos recetara un pasaje de ida al Torito.

En fin, en la vida todo es experiencia, y dicen, las menos gratas, son de las que más aprendmos

Un abrazo

Lucercita dijo...

Que buena anécdota... con moraleja y toda la cosa.

Seguro es buen lugar para hacer negocios entre hombres y para contar penas de amor entre las internas.

Todas buscamos foros para contar lo que nos pasa y este suena espectacular.

Buen inicio de los cuarenta Señor!!

Loris Lane dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

bien dicen que en toda familia hay al menos uno que ha ido a parar al torito... jajajaja

Pues mire... tristemente yo conozco varios que han sido detenidos y según me informan, usted tiene derecho a pagar un amparo y salir a las 6AM a su casa en lugar de al maravilloso resort... peroooooooo con lo que usted cuenta, supongo que a lo mejor hubo algo de mentira en quien me lo contó...o quizás las autoridades olvidaron contarle ese hecho...

En fin que el mandarle un beso a su hija desde prisión !!!!! priceles!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Vaya experiencia que se ha aventado... ahora entiendo porqué razón yo no lo encontré en su celular... jejeje

Pero bueeeeeeeeeno.... a mi la moraleja que me deja este hecho es que debe relatarme el evento tomándose un vinito... jajaja

P.D. El alcoholímetro no se pone los miércoles (programe sus cenas ese día) y además se retiran alrededor de las 3am (por favor salga del restaurante pasada esa hora...)

Besossssssssss

Georgells dijo...

Hola Flor!!! (¿O debo decir "Evan"???, jeje) Por supuesto que ahora soy más cauto... pero más bien con la manejada... Gracias por las flores. Intenté hacerles el relato más ameno!

Hola Marichuy! Caray! pues gracias por sus palabras. En efecto, creo que al final de nuestra vida lo que cuenta es la actitud que tomamos ante ella. La experiencia no fue grata, pero tampoco fue inmanejable... jeje.

Lucercita: Jajaja! sí, ¡Bienvenido a los cuarenta! Si no se hacen negocios, al menos se charla muy a gusto. (Aunque en plan de contarse penas de amores, le sugiero encarecidamente que considere mejor la casa de una amiga o un antro tranquilo y que después tome un taxi de vuelta a su casa, ;-)

Loro: Ni hablar! me agarraron... En efecto, te ofrecen un amparo peeeeero:
1. Vale entre 3,500 y 5,000 pesos.
2. Terminas saliendo a las 2 de la tarde.
3. Aunque salgas, luego debes regresar a terminar las horas que te falten de tu condena...
Como puedes apreciar, no vale la pena. Y sip, ya puedes decir que también en tu familia "alguien" cayó en el Torito...

Abrazo!

G.

Zereth dijo...

Wow, qué buena anécdota para celebrar los 40 años. Vaya, un encierro de ese tipo no precisamente es sinónimo de fiesta y diversión pero la vivencia y emociones en ella son de otro nivel. Presidiario.

Ehh jaja por otro lado me alegro que funcione el alcoholímetro, vaya, uno es libre de tomar cuanto quiera pero no de exponer a otros y lamentablemente sucede con mucha frecuencia, así que pedir un taxi o que conduzca algun amigo no ebrio te deja sano y salvo en tu casa. La otra medida digamos que son 20 horas en pausa para evitarte un mal mayor.

Besos

Georgells dijo...

Hola Zereth! Ya te extrañaba...

Sip, creo que fue una gran anécdota más para sumar al aniversario y, sin duda, con gran aprendizaje.

¡Qué fuerte se lee lo de "presidiario" jajajaja!

Un abrazo,

G.

Kiddo dijo...

Jajaja, que feo, pero, que buena crónica la suya.

Georgells dijo...

Gracias Kiddo! jejeje. Sí, fue buena experiencia...

Abrazo!

G.

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