Hace muchos, muchos años, iba con unos amigos en un vetusto VW sedán ("vocho" en México, "Old Beetle" en EU, "escarabajo" en varios países de habla hispana) a toda velocidad por las calles de la Cd. de México. Eran quizá las tres de la mañana. Teníamos un negocio de musicalizar fiestas y colocar luces para el baile. En México se les llamaba "Luz y Sonido", creo que en otros países les dicen "cintas". Regresábamos de alguna fiesta, de algún aquelarre nocturno, al cual, como de costumbre habíamos asistido más como espectadores y un poco como marioneteros. Subiendo el ambiente con la música, bajándolo para que la gente fuera a buscar algo que beber. Levantándolo de nuevo, para que sudaran...
Pero la fiesta había terminado. Ya habíamos dejado los equipos en su bodega: el garaje de casa de uno de mis amigos. Ahora nos dirigíamos a ese viejo restaurante, abierto las 24 hrs, a comentar lo que había pasado, a dialogar sin la estridencia musical ni visual. A descansar, sin descansar, pues habíamos logrado otra aventura.
Y en eso los vimos. Una pareja, quizá 20 años, caminando en la explanada de una glorieta, bajo la luz de la luna, a las tres de la mañana. Totalmente solos y tomados de la mano, la atravesaban sin mucha prisa. De pronto él la toma de la cintura, la carga y comienza a dar vueltas con ella. La muchacha esconde su rostro en el pecho de él y mueve un poco las piernas. Su falda vuela como si supiera que era momento de una coreografía y no de un abrazo fortuito.
Y cinco muchachos en el vetusto VW los ven y callan. No hablamos hasta llegar al restaurante y una vez ahí, alguien sugirió que intentáramos reconstruir la historia. La luz del sol asomó en el horizonte antes de que decidiéramos terminar pues finales así de dramáticos, con ritmos y luces aún en la sangre, nos dejaban una creatividad inaudita, una capacidad pasmosa de elucubrar y relatar los más disparatados inicios.
Que si era la noche en la que ella se iría de viaje. Que si en realidad cada uno tenía novio por su cuenta y se habían escapado de la fiesta. Que si él la había invitado a bailar. Que si se habían escapado de casa y festejaban en la noche. Que él se había atrevido a confesarle que era gay y ambos se tranquilizaron. Que si acababan de hacer el amor por primera vez...
Jamás supimos qué pasó entonces y, con el tiempo, me he percatado de cuántas veces asistimos o leemos espectáculos semejantes, sin conocer el antes, ni el después. Los blogs son un poco eso: relatos de vida, aparentemente ligados, que nos crean la ilusión de seguir ciertas vidas, aunque lo cierto es que muchas veces son más los huecos que se adivinan lo que despierta nuestra imaginación y lo que nos anima a seguir leyendo. Dramas ajenos que se dibujan con suavidad muy lejos, muy cerca, muy tarde, muy pronto. Que nos van enseñando lo que hay de vida más allá de nuestras narices y, también así, que nos confrontan con la propia, haciéndonos preguntarnos qué nos espera entonces... Voyeurismo que enciende la duda sobre nuestra propia existencia. Exhibicionismo que nos quita pesos gravosos de encima y, que a la vez, nos comparte...
Así he leído hoy varios dramas ajenos. Algunos más próximos a mi. Otros desconocidos. Y he pensado en mis propios dramas, cual si fueran ajenos a mi. Y es curioso, pues, así, vistos a la distancia, no parecen tan grandes...
Abrazos Centrífugos!
2 comentarios:
Concuerdo con tu apreciación acerca de lo difícil que es conocer realmente a alguien vía blog. Sólo tenemos a la mano pedazos de historias, pistas que nos llevan a elucubrar (desde nuestros propios esquemas mentales) una suerte de camino a seguir. Lo interesante es cuando nos damos cuenta que esas medio-historias ponen en funcionamiento nuestras cabecitas pensantes, reflejando tramas propias y obligándonos a darles una segunda revisión. :)
Te dejo muchos saludos!!
Gracias por la visita.
Angel!!!!!
Que gusto verte de nuevo por aquí. Sigamos nuestros caminos, que lo maravilloso es la elucubración de dichas tramas mentales...
Abrazos Centrífugos!
Publicar un comentario